PANTER BIOBACTER web abril 2020
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Como bien dice el tema central de Casablanca, “el tiempo pasará”, todo lo borrará y todo lo curará. En ello hemos de pensar día a día, en nuestras pequeñas prisiones de cristal, nuestros hogares. Pero no dejemos caer en saco roto todo lo aprendido, todo lo sentido. Valoremos el tiempo que padres e hijos por fin han vuelto a pasar juntos, sin extraescolares, sin canguros, sin tener nada más que ellos mismos, unos juntos a otros.

Seguimos en un estado total de alarma, con un panorama muy negro, con una pandemia que cubre todos los países de este planeta. Lo que no habían conseguido las dos guerras mundiales, ni el cambio climático, ni otras amenazas de contagios, ni nada similar antes, lo ha conseguido este virus, dejarnos a todos en nuestros hogares, por fin ha sucedido.

Por ello, hoy he elegido una de mis películas favoritas, y creo que de muchas personas. La mítica Casablanca, una producción estadounidense, de drama y romance de 1942, ambientada en plena II Guerra Mundial y dirigida por Michel Curtiz. Está basada en la obra teatral Everybody Comes to Rick’s, del autor Murray Burnett y Joan Alison, y es considerada una de las 50 mejores películas de todos los tiempos. Cuenta con un reparto de grandes actores y actrices, Humphrey Bogart como Rick Blaine, Ingrid Bergman como Ilsa Lundy Paul Henreid como Victor Laszlo.

Narra un drama romántico en la ciudad marroquí de Casablanca, por aquel entonces bajo el protectorado francés bajo el gobierno de Vichy. Zona Neutral para algunos, cárcel sin salida para otros.  Con un argumento que narra la vida de los dos protagonistas, Rick y Lisa, que viven su historia de amor en plena II Guerra Mundial, en un Paris de ensueño, si no piensas que las tropas alemanas están apenas a las puertas de la ciudad del amor eterno. Lo que hace que por desgracia, su idílica relación se rompa por la entrada del ejército alemán en una imagen mítica por los campos Elíseos, que quedará para la historia.

Todo parece que puede acabar bien cuando ambos se han de encontrar para marchar hacia Marsella, pero a Lisa, le comunican que su esposo no está muerto y que está en Paris. Dejando a Rick marchar solo. Un tiempo más tarde ambos se encuentran en el Café de Rick’s en Casablanca. Donde él vive su vida de espalda a emociones, a cualquier cosa que no sea regir su local. Cuando en una noche en apariencia tranquila, Lisa aparece con su marido, el Gran Victor Laszlo. Un gran héroe de la resistencia checa e internacional, en su intento de fuga hacia la libertad en Estados Unidos. Es entonces cuando los protagonistas recuerdan su pasado. Cuando vuelven a oír su mágica canción de El tiempo pasará. Es entonces cuando pasan por el dilema de marchar juntos o bien ser más “responsables”, cuando el permite que ella marche junto a su marido a Lisboa, para huir a Estados Unidos.

Es una película de culto, de aquellas que no puedes dejar de ver un par de veces al año. Es una historia que hoy, es más actual que nunca.

Si, aunque fuese de 1942, rodada sin saber que iba a pasar con el final de la II Guerra Mundial.  Hoy mientras escribimos estas líneas, tampoco sabemos cómo acabará nuestra historia en esta lucha que libramos estas semanas. Hoy nuestra guerra no está en las armas, sino en la resistencia en las casas, contra un enemigo que no se puede ver, pero que igualmente te puede matar sin apenas notarlo. Una amenaza que nos sorprendió en nuestros hogares, en nuestro día a día, en nuestra idílica felicidad, como a los dos protagonistas en su vida en Paris.

En la película, sentimos la frustración del protagonista al que le han robado sus sueños, somos nosotros ahora los que, sin poder salir de nuestros hogares, sin nuestros trabajos nos vemos sin nada de aquello que era nuestro mundo.

En Casablanca los refugiados en la ciudad marroquí pagaban precios desorbitados por encontrar un visado para salvar sus vidas. Hoy, para nosotros, eso se ha dado por simples mascarillas, por geles de limpiar las manos. El mundo no ha cambiado tanto, hacemos lo que sea por salvar nuestras vidas, por nuestra seguridad.

Incluso en una mítica secuencia del film, cuando los soldados alemanes cantan una popular canción del partido nazi, el resto del café canta la Marsellesa. Hoy esa canción es Resistiré. Hoy los aplausos son para los que nos salvan la vida en hospitales, para los que nos dan los alimentos en supermercados, para las fuerzas de seguridad, para los que nos hacen algo menos duro nuestro encierro. Cuando el objetivo es común y tiene sentido da lo mismo la canción o el himno que sea, todos lo sienten suyo.

O como no olvidar esa otra secuencia donde el Capitán Renault, cierra el local por “que  acaba de descubrir que se juega”, acto seguido recoge sus ganancias en la ruleta. Esta vida actual ha vivido con estas contradicciones e hipocresías. Sin querer ver qué era lo realmente esencial, lo que nos llenaba la vida. Ha sido gracias a un drama, que hemos comenzado a conocer quiénes eran esos vecinos que hacía 10 años que nos cruzábamos en las escaleras con esas largas conversaciones…. “¿hace buen tiempo hoy, no?”  Sabemos que podemos contar con el de al lado, con la cajera del super, con los médicos que salvan vidas. Que siempre han estado ahí, pero no los habíamos valorado.

Habíamos olvidado lo peor, “que siempre nos quedará Paris”, esa mítica frase que se dicen los protagonistas al final antes de que ella marche en el avión. Ese Paris, era la esencia de lo necesario, de lo sencillo, ahora ese Paris, es el café con los amigos de cualquier tarde, o las cervezas de un domingo por la mañana.

Pero como bien dice el tema central de la película, “el tiempo pasará”, todo lo borrará y todo lo curará. En ello hemos de pensar día a día, en nuestras pequeñas prisiones de cristal, nuestros hogares.
Pero no dejemos caer en saco roto todo lo aprendido, todo lo sentido. Valoremos el tiempo que padres e hijos por fin han vuelto a pasar juntos, sin extraescolares, sin canguros, sin tener nada más que ellos mismos, unos juntos a otros.

Hagamos como dice Bogart, “Louis, pienso que este es el comienzo de una bella amistad”. Hagamos que sea el principio de una nueva forma de ver a los demás, de ver la vida. De hacer nuestro trabajo, de nuestras relaciones con los clientes, de que nuestros negocios hagan y descubran nuevas formas de vender y atenderlos. Aprendamos de aquellos que en estos tiempos difíciles se han reinventado, como los Rick y Louis, no todo ha sido malo.

Solo depende de cada uno de nosotros. Pero de momento quedémonos en casa. Es nuestra mejor forma de hacer la resistencia a este virus.

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