PANTER BIOBACTER web abril 2020
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Hoy, quiero hacer un alegato hacia ese ferretero que lo ha pasado muy mal en esta crisis. Para ello he seleccionado una película, que narra la épica de todo un pueblo. Se trata de 300, una película estadounidense del año 300, dirigida por Zack Snyder.

Esta película es la adaptación cinematográfica de la serie limitada de cómics del mismo nombre de Frank Miller, la cual relata la Batalla de las Termópilas. La película fue rodada en su mayoría con una técnica de superposición de croma, para ayudar a reproducir las imágenes del cómic original.

La trama describe la historia del Rey Espartano Leónidas (Gerard Butler) y sus 300 guerreros espartanos que pelearon a muerte contra el "dios-rey" persa Jerjes I (Rodrigo Santoro) y su ejército de más de 100 000 soldados. Debido al furor de la batalla, la reina espartana Gorgo (Lena Headey) intentó conseguir el apoyo de Esparta por parte del Senado Espartano. La historia es enmarcada por una narración en off del soldado Espartano Dilios (David Wenham). A través de esta técnica narrativa, varias criaturas fantásticas se introducen, colocando a 300 dentro del género de la fantasía histórica.

Los Espartanos estaban entrenados para luchar siempre, para no rendirse jamás, para morir en el intento si fuese necesario, s no mostrar dolor, a sacar siempre lo mejor de sí mismo. Pues bien, este articulo va dedicado a ese Ferretero de bata azul, que usa esa bata como su capa y su escudo, como única defensa hacia ese virus y esa crisis que cabalga hacia su negocio. Ahora un poco más tuneado con mamparas y geles, con cintas en el suelo. Que nos recuerda que por mucho que queramos, algo está pasando, que nada es normal del todo.

Si, hoy tenemos que recordar que ese señor, que nos ha atendido durante tantos años. Que sabe que pilas necesito para mi mando, esas que me duran siempre un poco más. Que se acuerda de aquel recambio de la aspiradora que solo usamos unos cuantos. Pero yo creo que, en el fondo, lo hace porque mi madre le guiño un ojo algún día. Que recuerda los nombres de todos nosotros, que amablemente sabe orientar a las señoras mayores del barrio. Que solo va armado no con una espada, sino con un lápiz en la oreja, con el que siempre apunta aquel pedido, aquel encargo, en esa libreta de mil hojas y cien mil tachones. Que saben que recambio de esa vieja olla exprés usa cada hogar. Que se acuerdan hasta de algunos de nuestros cumpleaños, en definitiva, que sabe cómo nadie darnos esa atención.

Pues bien llego la hora de la guerra, de sacar las espadas, los escudos, las lanzas, porque igual que el Rey Espartano Leónidas, a quien primero le fallo el Oráculo de los Eforos. Como es este ferretero primero le fallo el servicio y el soporte del proveedor.

Como más tarde, solo pudo contar con un puñado de 300, ya que el resto de los reinos y de sus conciudadanos le dejaron a un lado. Muchos de esos soldados de bata azul, se han quedado solos, sin el soporte de su central o grupo de compras, porque no ha podido hacer frente a una simple cuota o recibo. No importan los 15 años cumpliendo con todo religiosamente.

Como uno de esos 300 soldados que caminaban hacia la muerte segura en la Batalla de las Termópilas.  Quería que sus colegas les apoyasen, pero muchos o no habían abierto aún, o no querían hacerlo. Han tenido que luchar contra ERTEs imposibles de entender, con ayudas que son casi un sueño de conseguir. Como que ese puñado de Espartanos parecen a esos miles de persas.

Pero aun así, han sacado sus mostradores a pie de calle, con tan solo su bata azul, sus mascarillas y algunos guantes como armas afiladas para para el virus, para atender como siempre han hecho a todos los del barrio. Han tenido que soportar largas colas de sus clientes, caminar cientos de pasos cada día, del lineal al mostrador, del mostrador al lineal, a la estantería para dar aquello que le pedían.

Se sienten solos, como el Rey y Reina, dejados por la mano de los dioses, de los otros reinos, abandonados a su simple destino. Pero lucharan como hombres libres. Pero como efialtes, ese hombre imperfecto, que no gustaba al resto de los espartanos, por ser impropio de ser un guerrero, pudiese luchar junto al resto del ejército. Ese ferretero, que no es de los grandes, de ser de los modernos, pero que resiste desde su pequeña atalaya. Porque como dicen los espartanos, no buscan la victoria, sino simplemente estar a la altura de circunstancia.

Nuestro amigo tendero, que siempre ha podido quejarse de que no había clientes, de que hace casi un mes que no tiene respiro por el sin fin de clientes que ha atendido. Ni en los mejores rincones de su memoria, podía llegar a encontrar esas ventas, ese número de clientes. Ahora no tiene tiempo ni de tomar un aliento, ni ese bocata con papel albal que su reina le prepara cada día, envuelto en ese diario del día anterior, que ahora nunca puede leer. Se ha quedado sin fuerzas, sin refuerzos de otros reinos griegos que puedan venir en su ayuda.

Sabe que puede que ese rayo de luz sea efímero, que puede que las ventas vuelvan a su normalidad. Pero hasta entonces debe defender su paso por las Termópilas, desde su mostrador, desde su humilde mampara de metraquilato. Debe sacar tiempo de donde no tiene para reponer, para pasar pedidos, para poner un poco de orden en esta batalla que no sabemos hasta cuándo va a durar. Las tropas del Rey Persa son innumerables, como los problemas que este ferretero está teniendo.

Sin un servicio adecuado de proveedores, de agencias, con subidas de precios en mitad de la pandemia, sin ayudas reales de un gobierno que casi da preferencias a las “peluquerías”, que aquellos que podían suministrar Epis y mascarillas. Que ha de luchar solo como el Rey Leónidas. No tiene amigos que lo respalden, ni puede confiar en aquellos que eran su senado, que ahora lo niegan, que ahora le niegan el crédito y el servicio. Es como en la escena que el Rey Leónidas se encuentra con Jerjes, la lucha de David contra Goliat.  En donde las mil promesas realizadas, jamás serán cumplidas, por todos aquellos, que en los buenos tiempos hicieron En donde siempre recordaran que unos pocos hombres libres se enfrentaron contra miles, por el hecho de querer defender sus derechos, sus negocios.

No quieren el éxito, solo la supervivencia, solo dar ese mismo servicio de siempre. No le expliques ofertas por zoom, por mail, por teléfono, dales tu apoyo, tu sonrisa, tu compañía, tu anhelo, míralos a los ojos, oye sus palabras, ve a verlos en su muro de las termopilas, en su mostrador de su atalaya. Para que sepa que formas parte de esos 300 que no sabían de miedos, solo de seguir adelante.

Por un rato, ponte esa bata azul, súmate en su lucha para que no sea en vano, como el sacrificio de los Espartanos en defensa de toda Grecia. Para que otro amanecer más, vuelvan a abrir sus tiendas y ocupar sus mostradores con sus batas azules, con sus bocadillos de papel albal, con sus lápices en las orejas, para anotar cientos de encargos y tu puedas recogerlos en tus pedidos de bloc azul.

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