PANTER BIOBACTER web abril 2020
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Entre las películas de superación, de lecciones vitales, hay una que sobre sale mucho entre todas, se trata de Náufrago (Cast Away), una película dirigida por el cineasta estadounidense Robert Zemeckis, protagonizada por Tom Hanks y estrenada en 2000. Su trama describe la supervivencia de Chuck Noland, un empleado de FedEx, en una isla del océano Pacífico durante varios años. El resto del reparto principal lo protagonizaron Helen Hunt y Nick Searcy.

La película narra como Chuck Noland, interpretado por Tom Hanks, es un analista de sistemas obsesionado con el tiempo, que viaja de forma regular a diferentes países para resolver problemas de productividad. Durante su vuelo cae una fuerte tormenta que ocasiona una avería en el avión que lo transporta, por lo que el aparato pierde el control y se estrella en algún punto del Océano Pacífico. Noland es el único superviviente y se sube a una balsa salvavidas en la que llega en estado inconsciente a una isla desierta. Previamente había perdido el transmisor de emergencia de la balsa en sus intentos por salvarse.

En una historia épica de superación, de cómo poder aprovechar los recursos que el destino le proporciona como casi sin querer.  Varios paquetes que transportaba el avión, que en circunstancias normales no tendrían mucho valor, para él, ahora son vitales. Un vestido como manto para cubrirse del sol, usando de unos patines de hielo su cuchilla. Pero el que marcará toda la trama será un balón de voleibol, el futuro Mr. Wilson. Con él mantendrá largas y profundas conversaciones, siendo su consciencia, su confidente, su único y mejor amigo. Durante sus cuatro años de vida en una isla desierta en medio del océano pacifico.

Aprende a convivir con el medio, de los recursos naturales, a cómo se comporta el clima. A saber, qué todo momento es vital, que es efímero. El tiempo que tanto le obsesionaba ya no tiene esa vital importancia. Ahora lo que realmente importa es seguir vivió y cuerdo. Si cuerdo, ya que, sin lógica, sin inteligencia, la vida no sería segura, no sería posible.

Pero os estaréis preguntando como y para qué este tema, este argumento en nuestro mercado y situación actual. Pues bien, es muy sencillo. Podríamos denominar a algunos de los ejecutivos que manda a Chuck a nada Menos que Malasia, en plenas navidades, como aquellos que en algunas empresas, creen que esa parte del mundo está ahí al lado. Cosa normal, no salen de su despacho.

Cómo aquellos departamentos que lanzan esos productos que no quiere nadie, que llegan tarde, que no tienen utilidad alguna, ni sentido, pero quedan muy bien en sus dosieres y en sus currículos.

Malasia, esta al otro lado del mundo de Memphis. Pero Chuck que sabe que la realidad está ahí fuera, que no existe la teoría sin una puesta real de la práctica, va hasta allí, para demostrar, para hacer ver a esa diminuta delegación que algo no funciona. No le importa ni el viaje que casi le cuesta la vida, ni que es navidad, ni que va a estar lejos de los suyos, por su sentido del deber, de querer hacer las cosas bien, va hasta allí. Eso casi le cuesta la vida, pero seguro que a aquellos que le enviaron hasta allí, ni les habrá caído una lágrima al creerle muerto.

Muchos vendedores, se sienten como Chuck, cuando son enviados a presentar campañas sin sentido, productos que no los han pedido sus clientes, apuestas por gamas que no tienen lógica. Pero ellos igual que Chuck, no dicen nada, toman sus caminos hacia esa isla desierta, con los pocos o nulos medios que le dan para acometer su misión. Saben que el camino va a ser en vano, que va a ser duro, que no tienen otra opción que intentar salir victoriosos. Solos como el protagonista en la película, solo tienen para hablar, en lugar el balón, a ese GPS que muchas veces le lleva a un lugar que no toca.

Aprenden a pescar con una caña, a construir balsas con sus manos y lianas, porque su AND les dice que han de tirar hacia adelante. Esperan como Chuck, que las condiciones climatológicas sean propicias para que el pobre cliente crea sus argumentos caseros, ya que ni le dieron algo creíble con que defenderlos. Cuando el cliente no quiere ni de coña aquello, es como aquel coco de cae de la palmera y no tiene otro lugar en toda la isla que caer sobre su cabeza.

Porque, ¿cuántas veces no te has sentido ir a una tienda a ofrecer algo que ni sabes cómo va, ni para que sirve?, es como el protagonista que tiene que abrir los cocos con piedras… si quiere comer. Para que luego le caigan cuatro miseras gotas de agua.

El náufrago no tiene que ser solo aquel que está en una isla desierta sin nadie cerca. Puede ser aquel que se cree en posesión de la verdad absoluta, que su soberbia sobre vuela al resto de mortales. Porque pese a que la verdad es otra y está ahí fuera, el sol quema demasiado para llegar hasta el borde de las calles, hasta el umbral de las tiendas de los clientes.

Este intrépido luchador recorría el mundo buscando demostrar que cosas iban mal, que cosas se podrían mejorar, pero lo hacía escuchando, colaborando, demostrando como era el buen camino. No desde un cómodo y seguro despacho que te aparta del mundo real. Que te sumerge en tu Matrix personal, dándote unas alas de sabia celestial.  No le importa que aquello es vacío, sin utilidad, sin un sentido, sin valor.

Dado que los dioses te han iluminado con la más absoluta de las revelaciones, que han llenado tu mente de místicas revelaciones, los mortales no pueden llegar a entender que estas en un plano superior y que sus quejas, sus criticas no son sino pequeñas brisas de mar que ni te hacen reflexionar y mucho menos ni compartir ni corregir aquello que es, evidentemente una pérdida de tiempo y energías.

Nuestro Chuck, lucha, aprende, como una manara de sobrevivir, hasta poder construir una balsa, para poder huir de la isla. Quiere, necesita, recuperar su vida, sus amigos, su familia. Cuando ya casi todo este perdido, cuando está en su último suspiro vital. Es rescatado por un carguero.

Pierde a su consciencia, a su amigo Wilson. Con quien mantuvo su otro yo lleno de esperanza. Fue una experiencia saber cómo es la realidad que importa, que muchas cosas no tienen ni valor ni sentido, al menos para él.

Pero por desgracia cuando regresa, todo ha cambiado, su empresa, sus amigos, su ex novia. Ahora ya casada con un aburrido dentista. Ahora ya no tiene ese lugar que tanto anhelo durante los 4 años que vivió su particular pesadillo. Pidió auxilio a muchos barcos lejanos, a los vientos que impulsaron su balsa, y ahora para qué todo eso.

Igual que ese vendedor, o ese responsable de un departamento que puede pensar que aquello que lleva entre sus manos, en su cartera, no tiene sentido, que es una pérdida de tiempo y energía. Pero no tiene otro remedio como el náufrago, remar con su balsa hacia adelante, sobre las olas, aunque sabe que lo tumbarán, que perderá las fuerzas y que quedará exhausto y tendido en la playa. 

Cuantas veces no os pasado presentar algo y que el cliente os diga, eso no se vende, eso no me lo piden, eso para qué es. Pues bien. Para que luego en tu coche le cuentes a tu GPS, como si fuese Wilson, lo frustrante que te has sentido. Pero no lo olvides, el producto, ni la campaña no son malos, solo es que no estas motivado, que no sabes ver el punto de vista positivo, que el producto es genial.

Al final has de tomar esa camioneta vieja que Chuck recibe de su exnovia, para tomar un camino que no te lleve a ninguna parte, pero que has de seguir, para poder sentirte vivió. Para saber que, aunque seas un náufrago, que pese a que los has perdido todo en el intento de cumplir tu misión, debes seguir adelante.

El protagonista pierde todo, amigos, familia, sentido a la vida actual, casi siente como en esa isla todo tenía otro valor, otro sentido más puro y lleno de cosas reales. Es como encontrarse en la isla un baño, un wc, no tiene la más mínima utilidad. Pues así nos podemos sentir muchos en muchas ocasiones.

Pero esas alas doradas que son las esperanza en toda la parte final de la película, es lo que nos hace ser diferentes, el creer cosas imposibles como ciertas. Siempre sale el sol, siempre hay un nuevo atardecer y una nueva puesta de sol. El mar bravo se torna en calma.
Por muchos obstáculos que el propio destino, que los ocupantes de los cómodos y apartados despachos nos pongan en el camino de piedras, seguimos remando, seguimos creyendo en que todo es posible.
Todos llevamos dentro ese naufrago, ese Robinson Crusoe, de Daniel Defoe. Si no, posiblemente esta labor de recorrer mares en tempestades, de montañas escarpadas, de misiones imposibles de cumplir, no sería posible. Verdad Wilson?

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