PANTER BIOBACTER web abril 2020
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GARDIUN WEB
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Nuevo artículo de nuestro colaborador, El Bricolador Enmascarado. Hoy he dado una vista al pasado, a unos cuantos años atrás, para encontrar una película, una gran historia, basada en un libro del gran escritor Umberto Eco, del año de 1980. Obtuvo números premios y reconocimientos. Se trata de ‘El Nombre de la Rosa’ de 1986.

Se sitúa en un turbulento ambiente religioso del siglo XIV, nos narra una historia sobre la investigación que realizan fray Guillermo de Baskerville (Sean Connery) y su pupilo Adso de Melk (Christian Slater ), para poder aclarecer una misteriosa serie de crímenes que suceden en una abadía del norte de Italia. Fue dirigida por el francés Jean-Jacques Annaud. Hablamos de un gran escritor, de una gran novela, así como de una muy buena adaptación de esta.

Nos traslada a un escenario lleno de misterios, lleno de tabús, de reglas milenarias que no pueden ser transgredidas bajo ningún concepto. Aposentadas por la ignorancia, por la poca voluntad de los cambios, de no avanzar hacia el futuro. Todo aquello que es nuevo puede ser maligno. Todo aquello que no está bajo el control de aquellos que mandan es demoniaco.

Nuestro protagonista, Guillermo de Baskerville ha de intentar llegar hasta el final de los misterios, usando aquello que más posee, su inteligencia, su lógica, su pensar racional.  Algo que en esos tiempos no eran lo más corriente, ni lo más políticamente correcto. Los intereses ocultos, las luchas de poder, de controlar todo aquello que pueda estar fuera de sus redes no quede sin la más mínima posibilidad de que él hombre llano, pueda o quiera darle su propio sentido.
Estamos en la época de la ruda inquisición, donde su poder estaba por doquier. Donde pensar libremente era un pecado que podría llevarte a la hoguera. El futuro de muchos hombres, incluidos los integrantes de la propia Abadía era incierto, lleno de preguntas sin respuestas. Dónde el miedo era una forma de vida y de control sobre los que estaban bajo el mando del Poderoso Abad. En donde pese a la santidad del lugar, se suceden los asesinatos, las intrigas, las tragedias. Todo ello es la labor del protagonista, saber el por qué, cuando y como de todos hechos. Estamos en una sociedad en donde hasta la risa está mal vista, donde el razonamiento es algo que queda aparcado y solo reservado a aquellos que poseían el poder.

Pero os preguntareis que tiene todo esto que ver con nuestro mundo, con nuestro mercado. Mucho, la verdad es que mucho, más que lo podéis llegar a pensar. Estamos en un mercado en donde el secretismo, el no cuestionar las altas esferas, a los miembros de ciertos consejos, no está ni bien visto ni es aconsejable. Seguir las directrices papales es la única forma aceptada y bien vista. No es posible opinar o tener ideas diferentes a las que se marcan desde la doctrina central. No hay apertura a las nuevas tendencias, a las ideas aperturistas, a dar una visión diferente a la que se nos es impuesta.

Vamos pasando día a día, año a año, sin cuestionar lo que está bien y lo que está mal. Sin querer ver que lo pasado ha sido bueno mientras ha transcurrido. Incluso como el joven protagonista, el aprendiz de Fray Guillermo, que rompe todo lo aprendido por estar con esa joven en aquella noche fría. Se atreve a cruzar el umbral de lo prohibido, de lo que es políticamente incorrecto. Tiene miedo, no sabe realmente donde va a llevarle su deseo, pero pese a todo lo hace.

Esa aptitud es la que nos falta en nuestro sector. Gente, profesionales, que están al mando de tiendas y comercios, quieran transgredir las normas, lo establecido, para dar un paso más allá, para ser algo diferentes. Para que dejen de ser ovejas de un rebaño obediente y no descarriado. Hay muchos, que no muestran interés en ser algo diferentes, ya que nada de lo moderno es bueno. Tiene pinta de maléfico, de ser demoniaco. No son capaces de dar ni precios a sus productos en sus lineales. Muchas veces por la gran excusa de que puedan ser visitados por el Maligno, que podrían ser aducidos por esos espíritus de lo oculto.

Sería descabellado pensar en tiendas con luz, con precios en los lineales, con escaparates amplios y lleno de productos llamativos. Por seguir como están hasta ahora, con tiendas sin luz, sin precios, sin limpieza, sin nada que haga pensar que nos podemos alejar de las directrices de aquellos papas del pasado. Palabras como pensamiento, formación, estudios, estaban solo al alcance de la elite de las congregaciones, de los más poderosos. Pero ahora, unos cuantos siglos más allá, no hay demasiadas diferencias.

Todavía hay muchas torres, llenas de libros secretos, que contienen sabidurías que no son hechas para el pueblo llano. En donde se les trata como a Salvatore de Monferrato. Monje deforme, sin cultura, sin opinión, sin que pueda decir o decidir nada. Pero a pesar de todo llegar a aportar mucha luz a toda la investigación. Donde secretos inconfesables no pueden ser revelados. Donde los favores que no se pueden explicar eran la orden del dia.

Cómo le dice el Anciano Monje Jorge, Fray Guillermo idolatra la razón y el uso de la lógica. Mejor usar los medios de la inquisición. Tener control sobre el pueblo por medio de dicho temor y represión siempre es mucho más rentable para quién aplican tan extremos métodos. Por ello, todo aquel que quiere usar el intelecto, salir de la sombra de la ignorancia, es visto como un hereje.

Pero que hubiese sido de este mundo si cientos de herejes no hubiesen querido aportar un poco de luz en esos tiempos de oscuridad del alma, del mundo, del conocimiento. Seamos Fray Guillermo, usemos la visión de saber que todo necesita un cambio. Que por muchos que pensemos que nos van a juzgar si ponemos a un producto un precio, será todo el contrario, ganaremos mucho más que lo que podríamos perder. Hasta un 30% de las ventas en tiendas, pueden quedarse sin realizar por no disponer de PVP, de información adecuada.

Seamos inmunes al veneno que curten los libros prohibidos, debemos querer pasar página a página, aprender lo que nos pueden mostrar, lo que nos pueden ayudar a entrar en el mundo de lo nuevo, de que se nos considera vetado. Tomemos el pasadizo oculto, con un candil encendido como hacen los protagonistas para llegar a donde no desean que no lleguemos. Pero, aunque parezca mentira el laberinto, nos lleva hasta la cámara secreta en donde se encuentra la cuna del conocimiento. No una biblioteca cualquiera, sino un lugar colosal.

Seamos capaces de tener el empeño, como dice Fray Guillermo “A nadie se le debería poder prohibir tener acceso a ellos, por tener un juicio diferente”. Es ahí en donde debemos ser fuertes, diferentes, aventureros. No nos de miedo, poder llegar a la página en donde el veneno espera a quién ose llegar a leerlos. Tomemos el camino correcto del laberinto para que nos conduzca hasta el premio de la salida esperada.

Pese a no tener la luz completa, un simple rayo puede ser la guía suficiente para conseguir nuestro premio. Ni las trampillas de trampas, ni los espejos para despistar, pueden apartarnos de lo que ha de ser nuestra Guía. Pese a no tener todas las repuestas a todas las preguntas, podemos formular las que conocemos, pero también aquellas que no las conozcamos aún.

“Para salir de un laberinto hay que seguir el hilo”, que su ayudante fue dejando por toda la torre. Por mucho que otros digan que el maligno ha invadido aquella pobre Abadía. Por no querer ver la simplicidad de las cosas. Si no somos capaces de poder llegar a ser un soplo de luz en nuestros propios negocios, en nuestras comunidades, seremos pobres Herejes, unos simples miembros del rebaño que no conduce a ninguna parte. No seamos parte de una inquisición que no quiere orientar, sino sancionar. No demos cobertura a quienes no ven más allá de permanecer en la antigüedad de los pensamientos.

Que como en el consejo del final de la película, entre los enviados del Papa y los Franciscanos. Que discuten por tonterías, por conservar el poder adquirido, por perder privilegios de cientos de años. Poniendo enemigos imaginarios. No hablan de futuro, de unión, de crecer juntos, de sumar y no restar. Es un tanto grande la radiografía de nuestro sector. De las diferentes congregaciones y de sus feligreses. Necesitamos un Fray Guillermo que nos iluminé, que nos guie, para poder perder el miedo y encontrar el camino.

“No dejemos que el progreso sea considerado como una manifestación del maligno.”  Luchemos, seamos portadores de la luz. La inquisición que no nos atrape en sus redes de ignorancia. Hasta el último momento, como nuestro protagonista podemos luchar por dar una lógica respuesta a lo que todos ven, pero nadie quiere admitir. Para descubrir que quién menos parece el prescriptor de la fe, es quién más peligroso, quién es más dañino para la propia fe. Pero para poder leer ese maléfico libro debemos proteger nuestros dedos, como nosotros deberíamos proteger nuestras opiniones y nuestros mejores deseos de ser diferentes y modernos.

Para que el veneno de esas malditas paginas no nos hiele el aliento, el alma, para que nos dejen prisioneros en el umbral de la ignorancia y el desconocimiento. “Dejemos que esa risa, mate el miedo, que el motivo perfecto para que exista el poder, la represión”. Para evitar ese caos, para evitar el fuego que queme esos libros del conocimiento, seas dueños de nuestro destino. Seamos quienes pasemos las páginas de nuestras historias, siendo cada día una nueva aventura de conocimiento y sabiduría.

Salgamos de ese laberinto de la torre, hay una salida, solo hay que querer con todas las fuerzas poder encontrarla. Seamos Fray Guillermo, salvando los libros del conocimiento pese al fuego aterrador. Empujemos a ese vació del barranco de la noche a la opresión del terror a lo desconocido. Seamos un poco herejes, pero dueños de nuestras decisiones.

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