PANTER BIOBACTER web abril 2020
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Las claves son claras todos las conocen, evolucionar, adaptarse, luchar con las mismas armas. No hay mando externo que nos dé cobertura. No hay unos helicópteros que tropas especiales que nos van a proteger, contra el vecino oriental de cerca, que ha montado un bricolaje, si un bricolaje, tienen ojos rasgados… pero los productos que tienen son casi todos de aquí.

Hoy queremos estar a la última actualidad a nivel mundial, que pese a pasar al otro lado del Atlántico, afecta y muy mucho a todos nosotros, por mucho que no queramos verlo. Por ello me adentro en el film Olympus Has Fallen (Ataque a la Casa Blanca), una película de acción dirigida por Antoine Fuqua en 2013. Con un gran cartel de actores, Gerard Butler, Aaron Eckhart y Morgan Freeman. La historia, como no podría ser otra con ese título, narra el asalto a la Casa Blanca por un comando de Corea del Norte, y se centra en el agente del Servicio Secreto Mike Banning en un esfuerzo por detener a los terroristas. Esta situación la hemos visto en diferentes films, sobre este mismo tema, o en situación similares, como la jungla.

El protagonista Mike Banning (Gerard Buttler), agente del servicio secreto, anteriormente escolta personal de presidente, hasta que, en un desgraciado accidente, muere la primera dama.  Dieciocho meses más tarde, tras haber sido retirado del servicio como escolta y asignado al departamento del tesoro, mientras el presidente mantiene una entrevista con el Primer Ministro de Corea, unos terroristas coreanos realizan un ataque a la Casa Blanca. El símbolo del poder de EE.UU.

El ataque que comienza por el aire, matan a todos los guardias de seguridad, menos a Mike.  Mientras el presidente americano, el primer ministro coreano y otros miembros del gobierno, son retenidos como rehenes en el bunker presidencial. Gracias a la ayuda de un traidor del propio servicio secreto. Matan al primer ministro como muestra de presión, se instaura el caos, en la casa blanca, en el gobierno y los altos mandos de EE.UU, tanto civiles como militares.

Quieren que los americanos retiren la séptima flota y todas las tropas de la península de Corea. Un punto muy caliente desde el final de la guerra, en donde ambas coreas mantienen unas peculiares relaciones de amor y odio. Y no sólo eso, además quieren destruir el propio arsenal nuclear de EE.UU. en sus propios silos de almacenamientos. Se crea una lucha para que los altos mandos, juntos al propio presidente den sus códigos de lanzamientos a los terroristas. Mientras el protagonista va reduciendo a terroristas, contactando con el mando externo. A la vez, ordenan un asalto en helicópteros desde el exterior, que resulta ser un verdadero desastre.

Dentro del bunker se suceden muertes, luchas, incluso el mando de los terroristas intenta escapar simulando su propia muerte. Mata a los restantes terroristas, hasta el último minuto se sucede lucha suspense. El presidente herido, casi en el último segundo logra detener la destrucción de los misiles nucleares.

Clara temática, lucha, acción, final de estas películas de acción, con mucha dosis de patriotismo americano. Para poder ponerlo en paralelismo con nuestros días, podríamos encontrar muchos.

El primero un presidente recién elegido que ha de tomar una casa blanca, con un inquilino actual que niega las evidencias a toda costa, que no quiere dejar escapar el poder, el poder absoluto que quiere negar la realidad. Es como si nada pudiese pasar que no quisiera él, como si la realidad pudiese ser amoldada a su antojo y gusto, como un pequeño dictador de un país pequeño. Pues la verdad es real, deberá marchar y dejar paso, como se lo dejaron a él.

Pues bien, no crees que algún paralelismo más… ese despacho oval, azul, tiene muchas semejanzas con algunos personajes de bata azul. Que se aferran a su mostrador pasado de color, pasado de moda, que no deja evolucionar a los nuevos tiempos, a las nuevas tecnologías. En donde has de esperar una hora, para que te puedan dar un par de tornillos. Donde palabras como auto venta, gestión del lineal, son algo así como los disparos de los terroristas entrando en la casa blanca.

Pero qué decir de esos ataques infernales, de los operadores de e-commerce, no hace falta decir nombres, pero que no paran de lanzar cohetes, tropas, sobre el tranquilo jardín de su apacible establecimiento. No sabe ni de donde le salen las balas, las bombas. Lucha, con su bata azul, con su boli en la oreja. No quiere, ni puede dejar que eso le invada, lo ponga al día. Cree ser el protagonista de la película, que su chaleco antibalas, es su papel albal del bocata de siempre. Pero en esta ocasión, no ha maletín nuclear, que tenga códigos para salvarlo.

Las claves son claras todos las conocen, evolucionar, adaptarse, luchar con las mismas armas. No hay mando externo que nos dé cobertura. No hay unos helicópteros que tropas especiales que nos van a proteger, contra el vecino oriental de cerca, que ha montado un bricolaje, si un bricolaje, tienen ojos rasgados… pero los productos que tienen son casi todos de aquí.

No van con ametralladoras, van con tecnología, con ideas abiertas, con querer entender al nuevo consumidor, con llegar con mejores medios. No van a por tu despacho, por tu sillón, van a conquistar el mundo exterior. No hay un gran héroe del servicio secreto que va a ir a eliminarlos uno por uno.

Estas solo ante el peligro, los cohetes sí que pueden explotar en tu establecimiento, son aquellas cosas que hace siglos compraste, que no sabes ni quieres vender, que ocupan sitio, espacio, margen, dinero. Eso son los auténticos terroristas que en tu propia casa blanca te han invadido.

Pero siempre puedes llegar a tiempo de desconectar el contador de la cuenta atrás y volver a engancharte al mundo real… no es de ficción es muy real, y a veces no hay segunda oportunidad.

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