PANTER BIOBACTER web abril 2020
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Todas las navidades son diferentes, y sobre todo así han sido las de este pasado año 2020. Esa diversidad también se ha llevado al cine, hay multitud de películas sobre esta época del año, y en concreto hay una película que narra unas navidades muy distintas, y que algunos que ya tenemos una cierta edad recordamos entre risas y algo de terror. Un nuevo artículo de nuestro colaborador, El Bricolador Enmascarado.

Nos referimos al film de 1984, con unos adorables y la vez terribles animalitos, si son ellos, los Gremlins. Es una película de Joe Dante, y protagonizada por Zach Galligan y Phoebe Cates. Pero como no, producida entre otros por ese rey midas del cine, Steven Spielberg. De hecho, hay alguna frase que recuerda a ET. Tiene escenas memorables, que aún guardamos en la retina.

La historia narra la vida de una familia de lo más normal, con el padre Randall Peltzer, un inventor que crea cosas que casi nunca funcionan, y que buscando un regalo muy especial para su hijo, encuentra en una extraña tienda de Chinatown, donde encuentra un Mogwai (en chino cantones, quiere decir, “espíritu maligno”). Tras mucho negociar consigue comprarlo. Tiene una apariencia de pequeño osito de peluche, pero que se deben seguir tres normas: no exponerlo a la luz brillante, no mojarlo, y la más importante, no darle de comer tras la media noche.

Por desgracia lo mojan accidentalmente, con lo que se reproduce. Luego les dan de comer, sin saberlo, más tarde de la media noche. Con lo que se crea un pequeño ejército de criaturas malvadas. En especial su jefe Stripe, con mechón blanco. Son muy agresivos y malvados. Van haciendo maldades, de todo tipo, sobre todo es de recordar, la escena donde aparecen cantando villancicos. O la escena de la cafetería donde bailan, comen, beben, nos recuerda a una de la Guerra de las Galaxias. Incluso hay un video juego con esa temática. No tiene desperdicio. Es un repaso a los diferentes estereotipos de actores y escenas del cine.  

Son escenas que se quedará para siempre en nuestras retinas. Billy, su novia Kate y Gizmo, están a punto de quemarlos todos, pero su líder Stripe, se escapa hasta el centro comercial, donde en una fuente intenta volverse a mojar, para generar más Gremlins, pero Gizmo al abrir una ventana consigue que la luz lo mate. Al final, el Sr. Wing, aparece para llevarse de nuevo al Mogwai bueno a su tienda

A parte de la navidad, hay ciertas cosas en común con nuestro sector. Vamos a hacer una pequeña pincelada de humor para comenzar este 2021, que buena falta nos hace. En su dia, hice un repaso de los diferentes tipos de comerciales que se pasan por las tiendas de nuestro país. Pues hoy toca, dar una vista a lo que los vendedores ven a diario. Me refiero a esos múltiples tipos de personajes que corren por los caminos. Son como los diferentes Gremlins de la película, cada uno es diferente.

Tenemos el “tengo de todo”. Es aquel señor que pese a no mirar nada de lo que llevamos, tiene absolutamente, de todo, no le hace falta de nada, pero de nada. Aunque si vamos a la estantería vemos ganchos vacíos, sin producto, sin existencias, pero él insiste en tener todo de todo. Con él es difícil poder negociar, es como los Gremlins, se encierra en su cine de noche y no le sacas de allí por nada.

No pasemos por alto, el “no me lo han pedido nunca”. Este es aquel tendero, que pese a que sea una novedad mundial, nadie, nadie de sus clientes se lo ha pedido nunca jamás. Cosa complicada si es una novedad, pero él, no quiere saber nada, ya que se fía más de gabinete particular de marketing, que de cualquier anuncio o compaña. Es como esas criaturas, el se quedó en Blancanieves, no llevo a Superman.

El “no tengo tiempo”. Este es muy bueno, llegas, te mira no muy bien, te dice que no tiene absolutamente tiempo para nada. Pero cuando comienzas a hablar con él, se enrolla, se enrolla, se enrolla. Cuando te das cuenta has acabado con él, en el bar haciendo un café, comiendo una tostada. Han pasado dos horas, mira el reloj, te dice que se ha hecho super tarde, que no puede ver nada contigo, que vuelvas otro día. Por suerte no tenía tiempo, te has quedo sin pedido, sin mostrar nada, has invertido horas para nada. Te has quedado como el Gremlins que se quedó dentro del microondas, con la cara de espanto.

El “no está el jefe”. Es aquel encargado, que, pese a ser quien compra, nunca quiere pedir nada. Mil excusas, no está el jefe, no se ha mirado lo que le dejaste, no puedo verlo ahora, no me han pedido nunca lo tuyo, no vendí nada la otra vez que compramos (de eso hace 5 años). Pero lo peor es cuando estás punto de irte, llega otro compañero de profesión y ese encargado, tan simpático, le hace un pedido en un momentito. Es entonces cuando le cortarías la cabeza como el animalito que quería matar a la madre de Billy.

El “cariñoso”. Este es muy querido por las compañeras de profesión. Son aquellos clientes, que, con un deseo de ser muy amables, cariñosos más bien, desean colmar de atenciones a nuestras compañeras. Dedican todo el tiempo del mundo, no hace falta que la tienda está vacía o llena, No hay problema por emplear varias horas. Revisan stocks, estanterías, almacén. Vamos a tomar un café, o comer si es necesario. Pero en su afán de ser muy correctos además le dan el teléfono de su móvil particular. Cuanta gentileza. Mientras ellas, les encantaría poder escapar a los 10 minutos sin poder hacerlo. Pero no pueden correr la cortina para que, entre la luz, y dejen de una pieza al animalejo del tupe blanco.

El “vas caro”. Este me encanta. Ya que su concepto de cara solo está en la factura, no le importa nada más, si le cobras o no portes, si colaboras con su grupo o cooperativa, que si estas en su feria o no. Erre que erre, solo quiere ese dato en la factura. Sin querer saber que todo lo demás importa. La calidad, el embalaje, todo lo que ello conlleva. Es como el Sheriff de la película, que no quiere ver más allá de su ponche de Navidad.

El “no vengas sin cita”. Esa teoría estaría bien, pero para poder tener cita, quién te lo dice, no responde el teléfono, no da respuesta al mail. Cosa por lo tanto imposible de poder acordar la susodicha cita. Pero cuando ves que cuando te dice eso, entra otro compañero y lo atienden sin problemas, es como cuando el pobre hombre vio a los animalitos irrumpir en su caso con la excavadora.

El “ya te lo paso yo”. Esto es como creer que esos animalejos serán buenos por siempre. Te dicen una y otra vez, que ese pedido, de no sabes cuándo, te lo van a pasar por mail, teléfono, WhatsApp.  Cuando le dices que no lo has recibido, te dice que no es posible, que seguro que tienes mal el mail. Tú lo miras, lo miras, pero no hay nada. Volverás a verlo y te dirán la misma canción. No tiene mucha solución.

El “que tienes de oferta hoy”. Siempre la misma pregunta, la misma frase. No hay nada más importante y relevante que la oferta. Es como si nada más tuviese sentido. Como siempre nuestro protagonista sabrá buscar aquello, que esté o no de oferta, a nuestro interlocutor le va a gustar seguro. Es como el Gremlins blanco buscando las palomitas en el cine, no tiene bastante, siempre quiere más, hasta el infinito.

El “que me vas a regalar”. Esta frase te la dicen, aunque no sea Navidad. Es diaria, es de cada pedido. No importa el precio, la promoción, quiere un regalo. Algo que sea tangible, productos, Tablet, entradas de lo que sea, es algo que tiene que ser o no hay pedido. Por suerte lo conocemos, no debemos darle de comer después de la media noche, o se transformara en algo irreconocible.

El “no te compro”. No sabemos realmente el motivo, la razón, porque el en un cambio de comercial, de la misma empresa, de los mismos productos, no quiere comprar a ese nuevo compañero. No tiene sentido ni lógica. Es como la señora Deagle, que nadie sabe el por qué, pero odia a todo el mundo. No hay más solución que la paciencia y ser profesional.

El “ya le compro a tal o cual marca”. Uno de mis favoritos. Ni sabe todo lo que tiene la marca a la que compra, ni por asomo conoce lo que el compañero le está ofreciendo. Le suena esa empresa, porque hace unos años vio un catálogo. Pero ni por ocurrencia ha querido pensar que esa, como otras empresas, han evolucionado, que cada uno puede aportar a su negocio algo nuevo y diferente. Pero es mejor seguir en la ignorancia que invertir 10 minutos, en poder saber si hay algo interesante para él. Es como quedarse con la imagen de los bichos en cajita, esperando que sean buenos, que no pase nada, que no van a cortar el cable del reloj.

El “no te compro por que le vendes a aquellos”. Seamos realistas, no estamos en una isla, no somos los únicos que hemos inventado el chocolate. Si queremos marcas de primer nivel, de calidad contrastada, con stocks para cuando queramos tenerlo, debe ser capaces de comprar y tener en nuestros negocios a aquellos productos que los clientes quieran comprar. O es preferible aquellas marcas blancas, de importación, que nadie conoce, que solo nosotros seamos capaces de vender, porque nadie por iniciativa propia las va a pedir y comprar. No estamos a salvo en ese pueblo la noche de Navidad, hasta a nosotros nos pueden atacar las extrañas criaturas.

El “a qué precio lo tengo que vender”. Parece que no saber, que margen aplicar, como venderlo, porque hay que poner precios diferentes a artículos diferentes. No podemos marginar igual a un tornillo, que a un taladro. No somos conscientes de que el mercado tiene diferentes opciones, que hay muchas formas de llegar al consumidor. Gestión es una palabra desconocida. Es como querer que el agua no haga que salgan más animalitos….

El que no le vendas a los orientales. Es aquel cliente que tiene la tienda llena de cosas de importación, de marcas blancas, que compra a todos y de todo. Pero que no quiere a que cierto Oriental se le venda, por el hecho de serlo, no por ser de una asociación, no por tener más marcas nacionales que él.  Simple y llanamente, es porque es de allí. Por desconocimiento, por no saber que, pese a que venda más caro, tenga el producto mejor colocado, que además tenga más surtido, ese el problema. Nos quedamos en que solo por ser…. No se le ha de vender. Es como el vecino de la excavadora, todo los de fuera es peor.

El escéptico. No cree nada, no sabe de nada, de aquello de lo que le hablamos, de lo que le presentamos, de ese producto que ni confía en él ni se ve capaz de vender. Son aquellos clientes que no quieren ver más allá de lo que saben o conocen.  Son una combinación del sheriff y del director del banco, incapaces de hacer nada para cambiar las cosas.

El del teletrabajo. Muy reciente, pero no deja de tener su encanto. Son aquellos que se han quedado en TELE, lo del trabajo, para nada. No tienen tiempo para contestar ni llamadas, ni mails, ni ofertas, ni pedidos. están tan ocupados en su TELE… trabajo, que no pueden prestarnos ni la más mínima atención para nada. Es una pena, pese a no estar en las oficinas, en reuniones, pese a que se vende mucho más de lo normal, no es motivo suficiente para que nos den respuesta. Es una gran oportunidad para mejorar y ganar oportunidades, pero nos quedamos como Gizmo viendo la tele, atónitos y sin palabras.

Porque como dice el Sr. Wing, para oír solo hay que saber escuchar. Puede que aún no esté el mundo preparado para estos maravillosos animalitos: Los Gremlins.

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