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Estamos hiperconectados, siempre online, tenemos accesos a cientos de archivos, de compañeros, de conocimientos, que antes eran impensables. Pero qué hay de la máquina de café, en donde tantos conocimientos, cosas de importancia, se aprenden.

Hoy recuperamos una película mítica de 1984, que nos da mucho juego en estos momentos actuales, me refiero a Karate Kid, dirigida por John G. Avildsen. Nos cuenta la historia de Daniel LaRusso, que acaba de mudarse a una ciudad nueva junto a su madre, a Los Ángeles. Conoce a una bella compañera de estudios, cosa que le va a acarrear muchos problemas con un grupo de alumnos, que, gracias a su conocimiento del Karate, le hacen acoso escolar.

Con la ayuda del conserje del edificio, un viejo japón, puede aprender a luchar y a competir en un campeonato local de Karate. Le enseñará de una manera muy diferente y poco ortodoxa, con unos métodos muy especiales, que aún recordamos, “Dar cera, pulir cera”, “pinta arriba y pinta abajo”. Son frases que han quedado para la historia.

Se establece una relación muy especial entre ambos, con una peculiar forma de transmitir enseñanzas y valores, basadas en el conocimiento de uno y las ganas de aprender del otro. Sobre todo, porque el Karate no es un arte marcial para el ataque, sino una filosofía de vida, donde la última opción es la lucha. Llega el día del combate final, donde tras muchos problemas, hay juego sucio por parte de los contrincantes, logra vencer y ganarse el respeto de aquellos que hasta ahora le perseguían.

Y como siempre, la pregunta, ¿qué tiene que ver todo esto con nuestro negocio? Pues por mucho que cambien los nombres y los tiempos, hablamos de mentoring, de maestros y aprendices, de gente que puede aportar mucho a otros que quieren aprender. Cuando iniciamos nuestras andaduras por las empresas, recibimos cientos de normas, manuales, protocolos de incorporación. Hechos para todos iguales, independientemente de nuestras capacidades previas, sin tener presente que cada persona es única e irrepetible. Más ahora con todo el tema del teletrabajo.

Estamos hiperconectados, siempre online, tenemos accesos a cientos de archivos, de compañeros, de conocimientos, que antes eran impensables. Pero qué hay de la máquina de café, en donde tantos conocimientos, cosas de importancia, se aprenden.

Que hay de aquellos que nos dicen, hay que hacerlo así, apretar ese botón o aquel otro. Esto se ha de presentar así, porque de esa forma no, o te voy a presentar a quién realmente lleva este tema, es mejor que ella/el lo vean primero que antes de enviárselo a tu jefe, etc. Esa figura del aprendiz que había en las tiendas en las empresas. Ahora mal llamados becarios, mal vistos, mal pagados, mal entrenados, hacedores de fotocopias, de llenar archivadores, de cargar papeles a papeleras.

Era un conocimiento transmitido de uno a otro, principalmente verbalmente, visualmente, que te daba consejos impagables, esos que te hacían ganra un campeonato con el golpe certero. Esos que te hacian reconocer que había que hacer con la señora que traía la cara del revés, lo que se debía decir, para venderle la oferta del mes, y no otra. Se ha perdido esa figura de quién por edad, debe mostrar todo lo aprendido para que aquel que comienza, pueda recibirlo, para completar su formación.  

Hace poco comentamos la película del El Becario, un adulto de madura edad, que podrá transmitir muchas cosas intangibles, a aquellos que, de otra forma, no podrían haberlo conocido jamás. Son cosas, valiosas, que no tiene precio de coste, pero si mucho precio de valor, que dan la diferencia e a una empresa y no a otra, o una tienda y no a otra. Sabemos que hacer en cada caso, en cada ocasión, no es un epígrafe en un manual que te remite al caso 2, o al 3. Es algo que deberíamos poder recuperar.

Por suerte en mi vida profesional he podido tener algunos muy buenos, por lo que intento ayudar a otros, no solo en mí misma empresa, sino compañeros del sector. Es algo, que no te da dinero, que te llena de satisfacción, de orgullo, de ser valioso como ser humano y como persona. Como alguien dijo una vez, la venta es “H2H, de ser humano a ser humano” (M. Bosworth).

No somos simples números, simples activos de compañías, somos seres humanos, que como para otras actividades de la vida cotidiana necesitamos de otro ser humano que nos mire a los ojos, que nos dé la oportunidad, de “Dar cera y pulir cera”, sin que sepamos para qué sirve, pero que, con el paso de los años, entendamos que esa era la lección que necesitábamos y que al final nos ha hecho ganar el campeonato con ese golpe.

Encuentra tu maestro bajito, esa es la clave…

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