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Has de dar una imagen de que tienes, de que quieres vender, de aquello que propones al cliente, que ideas has de hacer ver. Has de estar en la temporada, en la campaña, para el día de los enamorados, para el día de padre, semana santa, etc. Perdón, perdón, es mucho trabajo.

Hoy no he seleccionado esta película, por su calidad, o por ser una de las mejores, sino por el tema que cuenta. Nos referimos a Mannequin, o Maniquí, en español. Una comedia romántica de 1987, que contó como protagonistas con Andrew McCarthy, Kim Cattrall, Meshach Taylor, James Spader, G. W. Bailey y Estelle Getty, y fue escrita y dirigida por Michael Gottlieb. La banda sonora fue compuesta por Sylvester Levay. Su banda sonora tuvo más éxito, que la propia película.

Esta historia cuenta la alocada vida de su protagonista, Jonathan Switcher (McCarthy). Un artista totalmente incomprendido, que quiere abrirse paso en el mundo del arte pero que va de un trabajo a otro, sin éxito. Lo único bueno que ha hecho, es crear un maniquí, que ve en un escaparate. En ese momento por un azar del destino, salvará a la dueña de unos grandes almacenes. Ésta, en agradecimiento le da un trabajo. Primero como encargado del almacén. Hace amistad con uno de los decoradores de la tienda. Hollywood, todo un personaje, muy extravagante, pero su mejor aliado. Mientras intenta salvar su noviazgo con Roxie, que trabaja en la competencia de su tienda. Ha de luchar al mismo tiempo con un vicepresidente, que en secreto intenta hundir el negocio, para que pueda ser vendido a la tienda en donde trabaja Roxie. La tienda Ilustra.

Por aquellas casualidades descubre que su “maniquí”, al llegar la noche cobra vida. Para Ilustra, (la competencia) y al atolondrado guarda de seguridad (Bailey), el maniquí cobra vida. Pero solo cuando el lo mira, nadie más pueda verlo.

Es "Emmy", que fue una hermosa mujer en al antiguo Egipto, que por el favor de los dioses ha viajado en el tiempo. Juntos, consiguen crear un escaparate que revoluciona toda la ciudad. Consiguen llenar la vacía tienda de clientes, de gentes, con ganar de comprar. Las ventas suben, la extraña y planeada venta de la tienda se para. Cada noche, los dos juntos, ante la atenta mirada del vigilante y su extraño perro, que está a las órdenes del corrupto vicepresidente, corren múltiples aventuras. Crean escaparates únicos, diferentes, llenos de vida, pese a tener maniquís.

Una noche, en un ataque a la desesperada, Roxie y más personal de Ilustra, consiguen robar a Emmy, para destruir todos los maniquís de Jonathan. Con el fin propósito de que no pueda crear más aparadores. Pero en el último momento consigue salvar a Emmy, con lo que ella rompe el hechizo que le permite ser vista por todos, siendo mortal finalmente.

Creo que esta vez el motivo de la historia está más que claro. Escaparates, aparadores, ventanas al mundo exterior. Si eso que tenemos entre las grandes ventanas de nuestros establecimientos y los clientes. Eso que le debería decir al público que pasa por la calle, “entren y vean las maravillas de nuestra tienda”. Si eso que está lleno de cajas, que lo tenemos tan descuidado que ni sabemos que lo tenemos. Parece increíble que cientos de metros del mejor reclamo que podamos tener, lo tengamos desperdiciado, sin mensaje alguno. “Como una vez oí de un propietario… mejor taparlo con el reverso de la estantería, que tener que estar constantemente haciendo cosas, que daba mucho trabajo, que si alguien quería entrar ya entrarían, que ya los conocían.”. Era una tienda, con diez cristaleras, en plena calle principal de un pueblo costero. Pero lo peor era que se lo creía, que estaba a gusto con lo que decía.

¿Es que tiene que venir una diosa del antiguo Egipto para que nos traiga la inspiración? Es que no vemos tiendas de ropa, farmacias, hasta las nuevas fruterías y verdulería… que son unas verdaderas obras de arte, un canto a los colores, a las provocaciones auditivas y sensoriales. No somos capaces de invertir ni un mínimo espacio de tiempo ni recursos para ser diferentes. Nos quejamos mucho de bazares orientales, de que hacen esto o aquello otro. Pero que yo sepa, ni uno, ni uno de ellos, tiene un escaparate mal puesto, que no sea atractivo, que no invite a comprar, a saber que hay dentro.

Por otro lado, es comprensible que no arreglen los escaparates algunas ferreterías, porque viendo lo que hay dentro, el desorden, el no poner nada en su sitio, es normal que no sepan que hacer para atraer al público. Mucho mejor quejarse de aquellos que venden por internet, o de la cadena de bricolaje de turno.  No somos capaces de aplicar el mínimo principio de marketing, sobre la información, el atraer la atención del público. Aunque para eso algunos además deberían encender las luces de la tienda, ayudaría bastante. No podría imaginar una tienda de deportes sin un buen reclamo en su exterior. Sería imposible pasar por una pastelería y no ver esos pasteles que te dicen: “cómeme”.

Tenemos miedo a comunicar, a hacer algo diferente. El protagonista sabe que va a perder su trabajo si no es capaz de crear, de hacer algo diferente, puede que no tuviese éxito, pero lo intento, sino lo intentas no lo lograrás. Esa máxima, vale para todo.

Has de dar una imagen de que tienes, de que quieres vender, de aquello que propones al cliente, que ideas has de hacer ver. Has de estar en la temporada, en la campaña, para el día de los enamorados, para el día de padre, semana santa, etc. Perdón, perdón, es mucho trabajo. Somos más el pocas luces del vigilante, que dos y dos son cuatro, ¿o no? Pues puede que sí, pero él perdió su trabajo, mientras que el diseñador llego a vicepresidente de la compañía.

No esperemos a la inspiración de los dioses, llamemos al trabajo diario, al saber hacer a la imaginación. Seamos algo atrevidos, estudiemos el barrio en donde vivimos, salgamos a respirar a la calle lo que la gente mira en otras tiendas. Seamos lo que esperan de nosotros, pero con un poquito más de estilo. Demos al mundo razones para detener su insípido deambular por las calles, que levanten sus cabezas y quieran ver lo que somos, lo que proponemos. Porque no olvides, si los ojos son el espejo del alma, el escaparate es el de la tienda, y algunas ni el más mágico maniquí de ficción nos lo va a arreglar.

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