PANTER ECO
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¿Qué futuro queremos, para nuestro sector, para nuestras industrias, para nuestros clientes? Si llenamos nuestras estanterías de falsificaciones, de falsas historias, de documentos, que solo nos dan un espejismo de un instante de nada para no saber ver que es lo que queremos para el mañana.

Hoy he seleccionado una película, que narra una historia real, poco conocida por muchos, pero por suerte disfrutada por multitudes. Hablamos de The Monuments Men, película de EE. UU producida y dirigida por George Clooney. Tiene como protagonistas a Clooney, Matt Damon y Cate Blanchett.

Narra la historia muy desconocida de un puñado de hombres que formaban parte del Programa de Monumentos, Arte y Archivos, era un programa de los aliados en la II Guerra Mundial, su objetivo era rescatar obras de arte y otras piezas culturas importantes, antes de que fuesen sustraídas o destruidas por las tropas Nazis. Estas están retrocediendo tras el desembarco de Normandía. Pero Frank Stokes (G. Clooney), convence al presidente de EE. UU, de que pese a la victoria han de intentar salvar, recuperar todas aquellas obras de artes, monumentos, cultura en general, sin todo ello la victoria estaría vacía. Para ello crea una unidad llamada los Monuments Men, formada por arquitectos, restauradores, especialistas en arte, etc.

Su misión topa con muchos problemas, poca colaboración de las tropas aliadas, más preocupadas por no perder vidas y esfuerzos, en algo en lo que no le ven un rendimiento inmediato. Hasta que llegan a Paris. Donde encuentran a Claire Simon, que había estado al servicio de los Nazis, en la Galería Nacional del Juego de Palma. Ella vio cómo se expropiaban miles de obras con destino al futuro Museo del Führer de Adolf Hitler en Linz. Todo coordinado por su jefe Viktor Stahl, que más tarde será arrestado en Alemania. Descubren además que Hitler ha ordenado que si él muere o Alemania pierde la guerra todas las obras deberán ser destruidas. Lo que hace que sea toda una carrera contra reloj.

Vlaire les ayuda a poder recuperar muchas, pero faltan otras muchas, que saben que están en unas ciudades determinadas, pero que no son capaces de encontrar. Los rusos por su parte buscan lo mismo. Al final, descubren miles de ellas, escondidas en diferentes minas de las ciudades repartidas en varios países. El equipo consigue su propósito, con bajas en sus filas, pero con el deber cumplido.

Como siempre, la pregunta, que tiene que ver esto con nuestro sector, pues bien, es sencillo. Tenemos una historia, unas empresas con solera, con valor añadido, que forman parte de nuestra cultura, de nuestro tejido empresarial a nivel de identidad del país. Esa es nuestra cultura de producto. Pero además tenemos una cultura empresarial de asociacionismo, de estar agrupados, para ser más fuertes, para saber más, para comprar mejor, para ser más nosotros y menos solos y diferentes

Pero cuando a la mínima, ni respetamos eso, ni queremos saber nada del grupo o asociación a la que pertenecemos, pedimos que este o aquel pedido por fuera… a que jugamos, a que estamos creando, estamos dejando de lado la cultura de la que nacemos, a la gente a la que en teoría deberíamos apoyar.

Creemos que somos islas en medio del bravo mar, pedimos que queremos ser el único cliente en un océano lleno de tiburones. Que nadie más pueda comprar, solo nosotros, eso sí, nosotros vamos a comprar a todos, lo que queramos de cada uno. No queremos saber nada de las obras de arte, de la cultura, de que los que nos vendan y que no inviertan en el I+D, que no sumen en las empresas de este país. No importa si son del extremo oriente, si con ello expolien todo aquello que forma parte de nuestra historia y cultura.

No somos consciente que solo con el precio, no ganamos esa batalla, que sin industria, sin fabricar o generar nada aquí, no seremos nada en el futuro. Necesitamos ese equipo de gente que quiere recuperar nuestra identidad, nuestro pasado, para sumar en el presente construyendo el futuro juntos. Si solo fuera el precio, ni importa la calidad, no importe el sentido de las cosas, si fuese así, hoy en día, los museos de Europa no tendrían una Mona lisa, un David, Rubens, etc.

¿Qué futuro queremos, para nuestro sector, para nuestras industrias, para nuestros clientes? Si llenamos nuestras estanterías de falsificaciones, de falsas historias, de documentos, que solo nos dan un espejismo de un instante de nada para no saber ver que es lo que queremos para el mañana.

Todo lo que se lucha, todo lo que se quiere, debe tener un sentido, perseguir una meta. Luchemos por productos mejores, porque nuestras centrales de compra y asociaciones sean las que queremos, pero no nos dejemos la lucha en el primer disparo del enemigo.

Las guerras se ganan en pequeñas batallas, en cada calle, en cada casa, en cada esquina. No te rindas y lucha por lo que hoy es tu sello de identidad, sino mañana no te vas a reconocer, aunque pienses que has ganado.

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