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La lucha del día a día es distante de lo que se genera en los despachos, en los palacios reales, en las salas llenas de oro, que no entra el polvo de la calle, de la pobreza, de los problemas mundanos.

Para comenzar el 2022 he seleccionado una película de aventuras basada en un videojuego. Me refiero a Prince of Persia: Las arenas del tiempo de 2010, dirigida por Mike Newell, y basada en el videojuego de 2003. Con los protagonistas como Jake Gyllenhaal como el Príncipe Dastan, Gemma Arterton como Tamina, Ben Kingsley como Nizam, y Alfred Molina como el jeque Amar.

El argumento es el siguiente, nos cuenta como el Príncipe Dastan, junto a la Princesa Tamina, se enfrentan contra todos para proteger una daga con poderes mágicos ya que contiene unas mágicas arenas del desierto, que tiene el poder de volver atrás en el tiempo, que, si cae en las manos que no toca, podría dominar al mundo, ya que le daría el poder de ver el futuro desde el pasado, parando el tiempo a su antojo.

La historia comienza cuando Dastan es adoptado por el rey Persa Sharaman, al ver el arrojo y decisión de ese pobre huérfano.  Años más tarde, junto a sus hermanos Tus y Garciv, deciden atacar la ciudad de Alamut, donde reside la princesa, con una falsa acusación de que vendían armas a sus enemigos. Tras el asalto de a la ciudad, se producen muchas acciones que conducen a que Dastan esté a punto de casarse con la princesa. Pero en el último momento, Tus le da un manto a Dastan para que se lo regale al rey. Este manto, embrujado, abrasa y quema al rey, todos le culpan él y escapa con la princesa. Dastan desea aclarar que no es el culpable de la muerte del rey e intenta convencer a su tío, pero éste le traiciona, ya que éste fue quien le dio el manto a su hermano, el manto embrujado.

Consigue escapar, en su marcha Tamina le confiesa toda la verdad sobre la daga, y que ella es la protectora de dicho secreto. En el combate final entre Dastan y Nizam, Tamia acaba muriendo, pero las arenas del reloj mágico son liberadas para provocar que todo vuelva al pasado y de golpe se vuelve al momento en que están a punto de atacar la ciudad de la princesa. Para la invasión, detiene el ataque, y por ello es proclamado como salvador y héroe.  A cambio se casa con la princesa. Un final muy feliz, de película de cuento.

Como siempre la pregunta, ¿qué tiene que ver esto con todo lo nuestro? Pues la verdad mucho, muchísimo. Hablamos de que cuantas empresas no saben reconocer el talento que hay entre sus empleados. Cómo ese rey tiene la visión de saber ver más allá de lo simple, de lo sencillo. Vio carácter, determinación, le dio la oportunidad de llegar hasta lo más alto. No en vano, en un momento de la película, el rey le dice “un hombre justo, es aquel que hace lo que debe, lo que es justo, sin importar las consecuencias y la aprobación de la gente”. Pues por desgracia esto no pasa en muchas empresas, tanto de proveedores, como en clientes. Se premia a lo que manda en los títulos o en lo que no dicen, en lugar de saber conservar y premiar a lo que hay en realidad, no solo en directivos, sino en todos los niveles de los diferentes puestos. No mandan las aptitudes, ni los resultados, mandan las otras cosas, las inmovilidades, el no perder el sitio.

En el caso de los príncipes, por serlo, se creen con el poder de la verdad, no saben juzgar con realidad la situación que hay para invadir la ciudad. No salen a la calle, para ver si todo lo que le dicen desde no se sabe dónde, de que lo mejor que les puede pasar es ser idiotas, invadir, matar, no saber hacer las cosas. Luego no hay vuelta atrás. Es una pena, dejar pasar personas por las empresas, sin que se saque todo el partido, sin que se aprovechen. Es como el príncipe, que realmente es leal a su rey, que es justo, que es quien ama al pueblo, y se le quiere quitar del medio, para que no moleste, ya que no dice lo que otros que gobiernan no quieren oír.

La lucha del día a día es distante de lo que se genera en los despachos, en los palacios reales, en las salas llenas de oro, que no entra el polvo de la calle, de la pobreza, de los problemas mundanos. El príncipe lucha, busca como defender su verdad, en algunos casos, lo hemos visto en empleados de tiendas que si saben lo que ese establecimiento necesita, pero sus jefes, que van poco o nada, ni los quieren escuchar. Por eso luego el negocio va como va. En demasiadas ocasiones se ha escuchado, “yo esto no lo haría, yo esto lo haría diferente”, cuando ves que esa tienda va hacia el desastre.

Luchar por la verdad, por lo que es justo, por lo que crees que se ha de hacer, no siempre tiene premio, no siempre es justo, no siempre es el camino más sencillo, más fácil. Pero algunos lo escogen, algunos lo creen como lo que han de hacer.

No siempre tenemos la posibilidad de poder usar esa daga del tiempo, para volver atrás, para que podamos cambiar y solucionar grandes errores. No es posible, no hay ese comodín del tiempo. Solo podemos encomendarnos al dios del tiempo, del destino, para que podamos tener suerte, ser escuchados por los reyes o príncipes de turno, para tener como aliados con una preciosa princesa para que nos ayude en nuestros propósitos.

Pero siempre hay un príncipe venido del pueblo, que luchará por un imposible, que no tiene nada que ganar y todo que perder. Pero a veces, ese príncipe, encuentra esa daga, la usa, encuentra su princesa y por obra de magia, todo puede volver a comenzar, en ese o en cualquier otro maravilloso lugar, para tener un final como de los cuentos de las mil y una noches.

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