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Cuando llegas a esa empresa que te ha contratado, que te han explicado que esa pecera es la mejor, que sus peces, son únicos, que ese cristal no se rompe con nada, a prueba de todas sus competencias, que nada les puede poner a su fauna enferma. Pero cuando llegas a estar unos días, ya ves, que la pecera comienza a tener algunas grietas, algunas cosas que no funcionan bien. Que los peces se están poniendo de un color extraño.

Para hoy seleccionado una película muy divertida, con mucho sentido del humor: Deuce Bigalow, de 1999 dirigida por Mike Mitchell y protagonizada por Schneider como un desafortunado limpiador de acuarios que se convierte en gigoló en un intento de ganar dinero.

Esta divertida historia nos cuenta la pobre vida de Deuce Bigalow, un limpiador de acuarios y piscinas, sin éxito con las chicas, y casi sin un lugar digno para vivir. Por aquellas casualidades se queda como cuidador de un acuario de uno de sus clientes, Antoine Laconte, un gigolo, que se gana la vida satisfaciendo a mujeres. Por un accidente rompe el maravilloso acuario de su cliente. Para poder pagar ese elevado coste, debe convertirse en gigolo, casi sin quererlo. De esta forma, además, intenta conocer mujeres muy hermosas, pero todas sus clientas son mujeres poco normales, con muchos problemas, muy especiales. Desde mujeres altas como castillo, otra cliente que se duerme por culpa de una enfermedad, otra clienta que dice tacos sin parar, incluso otra que no es capaz de tener relaciones sociales,… hasta que conoce a una muy especial, de la que se enamora, a la que le falta una pierna.

A todas les ayuda, les da cariño, apoyo para que pueda superar sus traumas, sin tener sexo con ellas, menos con la que se enamora. Por medio de todo esto hay un detective depresivo, que no puede con la relación con su esposa. Pero incluso hasta él, le ayuda. Acaba detenido por prostitución, por no querer entregar a su cliente. En el juicio todas las clientas declaran a su favor, quedando libre y puede recuperar el acuario que rompió. Todas sus clientes superan sus traumas, sus problemas gracias a Deuce y él, se casa con su novia.

Por siempre, como siempre, la pregunta ¿qué tiene que ver con nuestro sector? Pues la respuesta, para algunos que les cae, la responsabilidad, el deber, la pecera casi rota, es decir, redes de ventas e intentar gobernar. Si ese es el paralelismo.

Cuando llegas a esa empresa que te ha contratado, que te han explicado que esa pecera es la mejor, que sus peces, son únicos, que ese cristal no se rompe con nada, a prueba de todas sus competencias, que nada les puede poner a su fauna enferma. Pero cuando llegas a estar unos días, ya ves, que la pecera comienza a tener algunas grietas, algunas cosas que no funcionan bien. Que los peces se están poniendo de un color extraño.

Además, cuando te cuentan cómo es la red de ventas: que son geniales, que no hay mejor en todo el mercado, que son únicos. Bueno, en eso de que son únicos no te engañan. Nada, a dar una ruta a ver que tal son. Pues sí, te pasa como al protagonista de nuestra película, espera tener a una mujer despampanante, increíble, genial, sexy. Pero cuando llegas, nada es como imaginabas.

No se mata por madrugar mucho, para que, si el tal Pepe, ese cliente de primera hora, hasta las 10 h no llega. Bueno tú te mentalizas que será así, pero cuando llegas a ese primer cliente, oyes que le dice al vendedor, “¿a esta hora vienes?, con toda la tienda llena no te puedo atender. Mira de venir antes, que yo estoy aquí desde la 8 h”.

Es entonces, cuando querrías tomar una de esas armas antiguas del cliente de Deuce, para cortarle la cabeza. Pero piensas vamos a seguir. Pasas como puedes el día, respirando fuerte, viendo las posibilidades que puede tener. Buscando, como poder ayudarle, como poder sacarle partido. En el caso de la película, haciéndole perder peso, en el caso del vendedor, que si puede se adapte a las horas de los clientes y no al revés.

Otro día, vas con todas las ganas a otro vendedor, y piensas que seguro que será mucho mejor. Pero cuando llegas te dice, “¿no has traído tú los catálogos y las ofertas?” … y tu piensas, aquella ballesta de la pared de aquella casa, ahora me vendría bien. Es esa sensación de cuando vas con la chica super alta, y todo, todo el mundo quiere reírse de ti.

Pues nada, si no ha traído los catálogos, ni las ofertas, vamos a intentar bajarlo de la nube, en su Tablet, que por suerte si lo ha traído.  Busquemos la forma de convencerle que esa es una alternativa.  Como a esa chica, que le supo sacar su mejor versión.

Para llegar al tercer día, esperando que ese sea el mejor, el gran vendedor. Pero te aparece un ser especial, aquel que te dice, “no he tenido tiempo de preparar las visitas, a donde quieres que vayamos”. Es cuando tu cara se queda en blanco, cuando no sabes si meterle la cabeza en el acuario o directamente que le pique un pez venenoso.

Respiras, miras en tu Tablet los clientes más cercanos, los que tienen más consumos, le muestras como organizar su ruta, que es lo lógico, se lo haces ver. Es como la chica que solo dice tacos, pero que ya en este caso los has dicho todos tu. Le muestras que su anarquía puede ser buena en según qué momentos. Ella en el partido de futbol americano encuentra su espacio, rezas para que ese vendedor lo sepa encontrar.

Al final de la semana, llega la gran esperanza de la empresa, fijo que será el.
Lo primero al entrar en el coche, te dice, “pon la manta y la almohada detrás, es que al medio día me da sueño”, y te acuerdas de la pobre chica que se dormía en cualquier lado. Piensas, no me puede estar pasando esto a mí, pero intentas sacar el máximo partido, antes de que la siesta lo deje fuera de combate.

Solo queda un día, un solo día de ruta, esta vez una chica, piensas que problema debe tener, que le pasará a ella, pues no, es la única que no tiene nada. No puedes dar crédito, es normal, es coherente. Miras e intentas aprender de ella, para ver cómo puedes trasladarlo todo al resto de los miembros de la pecera.

Es vital. Cosa difícil, cada uno es muy especial, pero no pierdes la esperanza, sobre todo porque cuando vuelves a la empresa, la pecera se ha roto, los peces se han salido, no queda producto, el nuevo llega tarde, los peces enfermos.  Piensas, como nuestro Deuce, no puedo más, la pecera rota, los peces por los suelos…

Pero seguro que, con ayuda de todos, vamos a poder arreglarlo. De lo contrario, nos tocara ir otra acuario, con otros peces, con otra fauna de comerciales para sacar otro proyecto adelante.

Deuce, seguro que saldrá victorioso. Como ese pez rey escorpión.

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