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La caspa tiene su champú. Hoy hay que librar batallas todos los días, porque la competencia tiene una espada afilada, que quiere cortar nuestra cabeza. Nadie quiere vivir para siempre, ni Freddy Mercury lo consiguió, ni el protagonista, las oportunidades no son eternas. Hay que aprender cada día, de todos, de cualquier cosa. Un nuevo articulo de nuestro colaborador, El Bricolador Enmascarado.

Hay películas que tienen algo especial, por su historia, por su música, por su fotografía, esta, además, creo una saga de secuelas. No hay que olvidar que su música tenía el sello de Queen y eso siempre es algo diferente. Me refiero a la película de 1986 dirigida por Russell Mulcahy y protagonizada por Christopher Lambert, Sean Connery y Clancy Brown, Los Inmortales. Nos cuenta una historia donde el protagonista Connor McLeod en el siglo XVI, se convierte en Inmortal, junto a un grupo de elegidos hombres en la tierra.

En una batalla, pese a ser herido mortalmente, no muere. Desde ese momento comienza una búsqueda y una lucha entre él y el resto de los Inmortales. Durante un periodo recibe una especial formación por parte de otro igual que él. Hasta que este maestro, es asesinado por su gran enemigo. Durante siglos, luchan entre ellos, hasta llegar a nuestros tiempos. Es ahora, donde se va a llegar a termino con la batalla final, solo puede quedar uno, como se escucha tantas veces en el film. Es así, y al final, el protagonista, logra derrotar a su gran enemigo, quien mato a su maestro y abuso de su mujer.

Él adquiere todos esos maravillosos poderes, puede saber el pensamiento de los hombres, que piensan, que desean, pero a la vez puede ser mortal, tener una vida normal, tener hijos, ser uno más de los mortales. Ese es su gran premio. La película, tiene una gran fotografía y una banda sonora que será de culto en el transcurrir del tiempo.

Como siempre la pregunta, ¿qué tiene que ver con nuestro sector? Yo creo que todo, ya que algunos creen o piden ser eternos, inmortales, por encima del paso del tiempo. Si no es así, solo hace falta ver algunos negocios, en donde no han pasado los años, bueno ni los años, ni una mano de pintura en las tiendas, ni una reforma, ni nada que tenga que ver con un ápice de modernidad. Es cierto, por desgracia, es así. No hay una esperanza de ver un aparador nuevo, algo que los diferencie del correr del pasado, del devenir de nuevos aires de futuro. Es una realidad que en nuestro sector es mucho más pronunciada que en otros, como el textil, la farmacia, o las fruterías llenas de nuevas propuestas.

Pero no solo pasa en los puntos de venta. Por desgracia, hay empresas que aún siguen en el siglo XX, sin tener R SS, sin saber que piensa el nuevo cliente, el nuevo consumidor, por no pisar la calle. Con apariencia casposa en sus propuestas comerciales, en sus ferias, en sus embalajes. Lo de la modernidad esa de acercarse al cliente, de ser pro ecológicos en sus envases, lo de llevar propuestas nuevas en sus productos. No digamos de estar al día en tendencias, si la última que recuerdan es de los 60.

Así, solo así no se avanza, no se crea marca, no se gana clientes, no se está al día, siendo nuestra principal competencia nosotros mismos. Pero lo peor es que no hay la más mínima intención en cambiar, porque para ellos todo está bien, no hay nada que cambiar, y además cualquier cambio daría mucho trabajo a hacer

Esto ocurre en demasiados casos, en demasiadas empresas, que no salen, que no ven lo que hay en el mercado Somos tan buenos, que vendemos sin cambiar nada, sin salir a buscar algo fuera de nuestra zona de confort.

Si algo no funciona la culpa siempre es de otro, de la competencia, de la crisis, del gobierno, de los vendedores, … de quién sea, menos de los que toman las decisiones. Hoy por hoy, lo antiguo sin control, no funciona, lo de antes ya no vale sino hay un criterio.

La caspa tiene su champú. Hoy hay que librar batallas todos los días, porque la competencia tiene una espada afilada, que quiere cortar nuestra cabeza. Nadie quiere vivir para siempre, ni Freddy Mercury lo consiguió, ni el protagonista, las oportunidades no son eternas. Hay que aprender cada día, de todos, de cualquier cosa.

Por ello, sepamos de dónde venimos, donde estamos, pero sobre todo a donde vamos. No perdamos la cabeza en el intento. Nada es eterno, ni el mercado espera para siempre.

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