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No hay una diablesa de color rojo, ni un Lamborghini increíble que nos ofrezca un gran trato, pero hay miles de pájaros de cientos de colores, que llenan cabezas vacías, que rellenan corazones que no quieren esfuerzos para llenar a manos llenas los bolsillos.

Muchas veces tomamos algunas decisiones que no son del todo acertadas, por eso hoy es escogido esta película, no es muy conocida, pero tiene su encanto. Hablamos de Al diablo con el diablo, comedia EEUU, del año 2000.  Dirigida por Harold Ramis, con los protagonistas Elizabeth Hurley y Brendan Fraser.
La historia nos narra la vida de un programador de computadoras, que cae en las redes de un extraño programa diseñado por el propio ‘diablo’, para saber posibles candidatos a cambiar su alma por conseguir deseos que no son capaces de alcanzar por si solos. Elliot Richards, nuestro protagonista, es quien cae en sus redes, impopular, inseguro, sin amigos y totalmente enamorado en silencio, de una compañera de trabajo.

Tras 4 años, es incapaz de poder conectar con ella, por ello, desesperado cae en las redes de una atractiva versión de ‘el diablo’, vestida de rojo, en un Lamborghini diablo de color rojo también.
Por todo ello, acepta la propuesta de la diablesa, de vender su alma por siete deseos, algunos absurdos, como comprar una hamburguesa en un McDonald`s que incluso acaba pagando él mismo, increíble, pero cierto. Pero le da un aparato muy curioso, que puede accionarlo marcando 666, si no está conforme con el resultado del deseo. Para volver al punto de partida.

El segundo, el más típico, ser muy rico, ser muy poderoso, estar casado con Alison, su amor platónico del trabajo. Resultado, la diablesa, lo convierte en un traficante colombiano, su mujer le engaña, casi lo matan unos rusos. Un desastre.

De ahí pide el tercero. Quiere ser el hombre más sensible del mundo, para poder conquistar a su amada, siendo un ser tan ultra sensible, llorón, que no contenta a la chica, al verlo muy blando.

Su cuarto deseo, ser deportista, grande, famoso, pero con coeficiente de inteligencia muy bajo, con un miembro viril ridículo. Otro gran fracaso. No puede conquistar a su chica.

El quinto, desea ser inteligente, intelectual, escritor de éxito, con atractivo, casi consigue conquistar a Alison, pero al llevarla a su casa descubre que es gay.

Tras otro desastre, pide su sexto deseo, ser presidente de los Estados Unidos, la diablesa lo convierte en Abraham Lincoln, momentos antes de ser asesinado.

Aunque nuestro protagonista desea buscar ayuda en la iglesia, lo tratan de loco, acaba en la cárcel, donde encuentra un amigo, especial, que le aconseja como debe actuar en su último deseo. Que su alma no es suya, es de Dios. 

Intenta cancelar el contrato sin éxito, pero le obligan a pedir el último deseo, con lo que acaba pidiendo que su amada sea feliz. Esto sin saberlo él, rompe el contrato. El cambia su actitud, ante todo, incluse le pide salir a Alison, pero está le dice que tiene novio. Se hace respetar en la oficia, en su trabajo. El destino le pone una nueva vecina en su edificio, con la que congenia, con la que al final forma una pareja.

Pero como siempre, todo esto, lleva a la pregunta ¿qué tiene que ver con nuestro sector? Pues como siempre la respuesta, mucho, mucho.

En demasiadas ocasiones creemos que todo lo que nos pueda aportar ganancias rápidas, cosas sin esfuerzo, ostentación, es lo mejor. No recordamos que aquello que ganamos con esfuerzo, con aprendizaje, con ganas de superación es lo mejor.

Daré ejemplos, cuantos negocios, tiendas de ferretería no pasan de la segunda generación. Se quedan en el intento. Incluso cuantas empresas de nuestro sector, no alcanzan más allá de los hijos, que han conseguido machacar lo que a sus padres les ha costado mucho, mucho esfuerzo. Muchos de esos padres comenzaron con una furgoneta, recorriendo nuestro país, comiendo bocadillos, durmiendo en hoteles de carretera. Para que los chicos, ya comenzaran como directores de algún departamento, con coches caros, con visa a todo pagado. Con poca calle, con mucho sillón acolchado. Es la triste realidad.

Incluso, en ventas, cuántos grandes representantes no han pasado sus carteras a sus hijos, llenas de buenas empresas, mejores clientes y un plan para el futuro, pero no se dieron cuenta, que en la nueva etapa, esa cartera tenía un gran agujero sin fondo.

No hay una diablesa de color rojo, ni un Lamborghini increíble que nos ofrezca un gran trato, pero hay miles de pájaros de cientos de colores, que llenan cabezas vacías, que rellenan corazones que no quieren esfuerzos para llenar a manos llenas los bolsillos.

Ahora se regalan máster como caramelos, ahora se dan cursos magistrales de como invertir en estos o en aquello, que te harán ganar el cielo sin levantar los pies. Pero a veces, lo que enseña, lo que nos da la realidad de la vida es la calle, es subir la persiana del negocio, en los fríos días de invierno. En creer que hoy la venta será mejor que ayer.

Que lo de ir a visitar clientes día a día, sobre todo en aquellos que llueve y hace frio, es porque crees y amas lo que haces, y te llena de felicidad. Es cuando acudes a tu trabajo, cuando tratas a tus amigos, cuando crees en tu familia. Es entonces, cuando el contrato es con la vida, con el esfuerzo, con miles de profesionales que hacen que la farmacia del hogar ande cada nuevo amanecer.

Cuando muchos compañeros salen de sus casas a atender a sus clientes. Cuando todos, todos los que formamos este mundillo, sin esos coches lujosos, hacemos que esto sea posible, que, sin demasiadas locuras, sin excesivos ánimos de ser nada que no creamos que vamos a ser, sino nosotros mismos, dando nuestra mejor versión de nosotros.

Nuestro contrato es y será con el esfuerzo, con el compromiso del servicio, no hay copia del mismo, solo reflejo de la sonrisa de cuando hacemos nuestro trabajo y la vemos reflejada en nuestros clientes. Por suerte esa es la mejor prueba de ella, y al Diablo con el Diablo, nosotros podemos con todas las crisis y todos los inconvenientes.

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