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“Compremos en el barrio”, queda muy bien decirlo, pero compramos poco porque eso del clic es más fácil, más moderno. Seamos lo que nos gustaría que fuesen los demás.

Para esta ocasión he seleccionado un clásico de las películas de aventuras basada en un cómic.

Una película de 1982, aquel año en el que el futbol mundial se jugó en España. Es Conan el Bárbaro, un film dirigido por Johnn Milius. Con un protagonista muy especial,  Arnold Schwarzenegger, junto a james Earl Jones. Nos narra la historia de Conan y de cómo una secta adoradora de la brujería y de las serpientes mata a todo su poblado y su familia. Él lo ve todo, cosa que lo marcará para toda la vida, y buscará para siempre ese símbolo de una luna negra, un sol naciente, y una serpiente de dos cabezas.

Es capturado y usado como esclavo en un molino. Más tarde es vendido a un traficante de esclavos, para ser usado como gladiador y ganar mucho dinero con él, con lo que se convierte en un gran guerrero.  Siempre buscando lo que su padre le enseñó, el gran enigma del acero, de la espada que busca. Para que pueda estar en paz con su dios Crom.

Es liberado, pero para ello ha de escapar de quienes lo quieren nuevamente como esclavo. Se une a un ladrón de caminos, Subotai, junto a otra ladrona, Valeria. Juntos roban joyas y matan a una gran serpiente propiedad de quienes mataron a sus padres.

Conan intenta matar al líder la de secta en solitario, pero casi pierde la vida en el intento.

Son requeridos por el rey para que rescate a su hija, que ha caído en la secta de las serpientes.

Mientras intentan rescatarla, Valeria muere. Esto lleva a Conan a querer vengarse de todos sus enemigos. Consigue derrotarlos, así como devolver a la princesa a su padre el rey.

Sus historias continuarán, hasta acabar como rey de su propio reino.

Como siempre la pregunta es, ¿qué tiene esto que ver con nuestro mercado?

Hoy yo diría que no solo con nuestro mercado, sino con nuestra sociedad. En la actualidad, nuestra sociedad no tiene mucho sentido, no tiene un líder que pueda guiarla por un camino claro, sin tener presente las grandes incoherencias de muchas personas.

Sí, es así, mientras muchos quieren vivir en ciudades sin coches, sin contaminación, son muchos de estos los mismos que piden unas velas para un pastel comprándolas por internet. Gastando un cartón indecente para envolverlas, gastando la gasolina de la furgoneta que te las trae por no bajar a dar dos pasos para ir una tienda del barrio. Pero así nos sentimos más ecológicos. Sin contar con que luego nos vamos a cualquier sitio en coche, o en avión, de esos que tanto contaminan a la mínima ocasión de dos días libres.

No queremos ver injusticias, no queremos mirar al frente de los ojos de la serpiente, seguimos al rebaño de los peregrinos que subían por la montaña. No queremos discriminaciones, ni que no se respeten los derechos de los trabajadores, de las personas desprotegidas, menos cuando hemos de contratar a alguien que nos ayude, que limpie en casa. Y entonces, de contrato y de declarar nada de nada, es lo normal. Cierto es que la normativa no lo favorece ni lo facilita.

Pero así queda mejor y es más fácil. O si se ha de cuidar a una persona mayor, que quien lo haga trabaje sin contrato, en la gran mayoría. Todos somos un poco opresores, todos somos un poco como parte de esa secta que se aprovecha de los que no tienen lo mismo que nosotros.

O sin poder olvidar a esos que nos venden de aquella manera… Pero eso sí, son baratos. Sí, con ello no contribuimos a pagar impuestos y favorecemos a quienes no cumplen con las reglas del juego, y luego somos los primeros en protestar porque aquel o el otro no hace lo que debe. Somos esos que siguen a esas serpientes, no sabemos el por qué, pero si todos lo hacen será por algo.

Luego vas tú con tu certificado de fabricado CEE, con las normas, haciendo las cosas según las condiciones, que facturas con las normas del grupo… pero vas caro:

-Oye, ¡pero si hago lo que se ha de hacer!

-Sí, pero aquel, el de aquí al lado, me lo hace de esa forma.

Le damos toda la ventaja a quien no juega limpio. Es cuando aquel Conan quiere luchar contra aquellos que oprimen los derechos de los que los no pueden defenderse.

Porque igual que la película, ni el propio rey es libre por culpa del control de esa maléfica secta.

Pero realmente somos libres, realmente hacemos lo que queremos. No somos valientes y realmente capaces de escoger lo que somos o queremos escoger en cada caso.

Porque en nuestro sector muchos siguen al rebaño que se ponía las túnicas en la montaña, sin saber bien por qué lo hacen. Están en este o ese grupo sin querer estar, sin querer defenderlo.

Por qué lo hacen, esperan a que ese Conan los libere. Será difícil, ya que la doctrina de ese emblema de la luna y el sol oscuro los tiene bajo su dominación. Pero puede que ese místico guerrero no llegue nunca.

Queremos una sociedad mejor, un sector mejor, pero nadie quiere esa espada, ese escudo que libere de lo que no quieren o no les gusta.

No seamos unos barbáramos, seamos leales, seamos consecuentes, seamos líderes de un cambio.

“Compremos en el barrio”, queda muy bien decirlo, pero compramos poco porque eso del clic es más fácil, más moderno. Seamos lo que nos gustaría que fuesen los demás.

Porque siempre hay un momento en el que podemos luchar contra los dioses, contra los que ponen las normas, no con espadas, sino con actos cotidianos.

Siempre es mejor quien nos vende la bombilla que se ha roto, esa farmacia del hogar que es tu ferretería, ese negocio de toda la vida. No contamina ir andando unos pasos, no hay que esperar que un repartidor loco te deje el paquete en casa de no se sabe qué vecino. Además, el ferretero hasta incluso se acuerda mejor que tú de qué pila usas para los juguetes de tu hijo.

Nos seamos unos bárbaros, seamos unos pequeños líderes que trepan hasta las torres de esas maléficas serpientes para romper las cadenas que los oprimen.

Porque, como dice la película, la historia de Conan no acaba aquí, todavía hay cientos de batallas más por luchar.

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