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Vale la pena reflexionar, desde la perspectiva del comercial, lo ocurrido en nuestro pequeño gran mundo ferretero: la huelga del transporte o, mejor dicho, la enésima huelga de los transportistas.

Terminando el descanso de unas minivacaciones de Semana Santa y con la perspectiva de las semanas ya pasadas y los mil problemas sufridos, vale la pena reflexionar, desde la perspectiva del comercial, lo ocurrido en nuestro pequeño gran mundo ferretero. La huelga del transporte o, mejor dicho, la enésima huelga de los transportistas.

Desde hace muchos años, quizás ya empiezan a ser demasiados, lo de los transportes, paquetes, bultos, portes, palés y demás nomenclatura de ese mundo del que dependemos tanto y tantos es un problema que surge y resurge cada cierto tiempo. 

Debo reconocer que mi relación con este sector siempre ha sido de odio y casi nunca de amor. Son contadas las personas de ese mundo que han realizado su trabajo de manera impecable. Será que soy demasiado exigente. Al menos con las que he mantenido un contacto más directo durante mi vida comercial.

He oído al otro lado del teléfono que al camionero se le había muerto su abuelo en tantas ocasiones, todo para justificar el enésimo retraso en la entrega. Llegué a pensar que el pobre había tenido padres, madres, padrastros y madrastras en varias ocasiones, porque abuelos como mucho te tocan dos.

La acción de la venta termina casi siempre con la pregunta típica. ¿Llegará a portes? Y cada vez las empresas se han ajustado más y más a unos importes que en ocasiones me han dejado la duda de si es rentable enviar ese pedido. Me pregunto desde siempre cómo calculan las agencias de transporte sus costes. Porque al final nuestras representadas ponen sus costes en función de lo que les cobran, con eso no hacen negocio. Y aun así nos sale rentable.

Entonces, ¿a las empresas de transporte también? ¿Alguien me puede explicar cómo puede ser rentable que un transportista gane dinero cuando tiene que volver a entregar el bulto porque nadie le dijo que la hora de entrega era de 9 a 13? O cuando tienes que gestionar una devolución de un material erróneo y el de turno te dice que él sólo entrega y al día siguiente lo ves recogiéndolo. 

Ya no pondremos la vista en los cientos de bultos que llegan golpeados, rotos, abiertos o destrozados. En una ocasión quisieron entregar un banco de trabajo, que se fabrica de una pieza, es de acero, pesa un quintal, con un golpe que todavía hoy no entiendo cómo lo hicieron. En otra, un bulto de parecidas dimensiones se había perdido... hasta que lo vi debajo de un montón de paquetes, en el último rincón de la agencia, donde me tocó ir para esclarecer la pérdida.

Hace unos días y mientras tomaba un café cerca de casa, me tocó ver una situación surrealista con unos paquetes, en este caso no de nuestro sector. El distribuidor, en este caso de ropa y calzado, esperaba trece bultos que no podía recepcionar, desconozco el motivo. El caso es que pidió su enésimo favor a la cafetería, después de asegurarse que los paquetes eran pequeños. El chofer los descargó, sin enseñar el tamaño, y cuando la persona de la cafetería los vio, se negó a quedárselos. Éste entró en cólera, gritando, pateando los paquetes, tirándolos de vuelta al camión con tal mala uva, que probablemente no se salvó ninguno. La carga era de, efectivamente, trece bultos, pero estos ocupaban el espacio del banco que contaba antes.

Al principio contaba que había tenido pocas buenas experiencias. Y ahí es donde me salta la duda. ¿De quién puede ser la culpa de estas situaciones? ¿Del último del escalafón, de las grandes agencias que siguen publicando sus buenos resultados macro, de las pequeñas y medianas agencias que todo lo cogen, sin hacer números, de nuestras representadas que contratan, del comercial de esas grandes marcas de transporte, que prometen lo que no está escrito, con tal de firmar su contrato? 

La imprevisión, la dejadez, la nula exigencia, la poca profesionalidad, pero de quién o de quiénes. Al final del recorrido de un paquete, ¿quién salió más perjudicado? La verdad, viendo cómo van últimamente las autopistas, quizás sea nuestro planeta, ese del que no tenemos repuesto, a diferencia de ese bulto que llegó mal o se perdió.

P. D.: aprovechen que tenemos St. Jordi cerca, el día del libro y la rosa, para comprar y leer un buen libro y regalar otro.

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