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Si no evolucionas, dejas de ser útil. Y si dejas de ser útil te puedes extinguir. En su nuevo artículo de opinión, nuestro colaborador analiza el famoso escándalo Watergate a través de la película 'Todos los hombres del presidente' y su relación con nuestro sector.

A veces pienso que la magia del cine es infinita. Que trata temas atemporales. Es decir, algo de los años 70 puede ser de rabiosa actualidad. Sobre todo, porque en esa época los medios era otros y ahora son muy diferentes, pero el ser humano sigue siendo el mismo. No cambia. Me explico para dar un toque de actualidad.

En 1976, una gran película, dirigida por Alan J. Pakula con un dúo genial de estrellas, Robert Redford (como Woodward) y Dustin Hoffman (Bernstein), que  ganó cuatro estatuillas de los Óscar. Nos referimos a Todos los hombres del presidente.

La película, basada en la novela del mismo nombre, nos narra la investigación de dos periodistas sobre el escándalo Watergate para uno de los periódicos más prestigiosos del mundo, The Washington Post.  El escándalo se produjo en Estados Unidos en junio de 1972, con el allanamiento de la sede central del Partido Demócrata, en el complejo Watergate. En el asalto, intentaron fotografiar documentos y poner micrófonos de escucha. El episodio quería encubrir las escuchas que se habían hecho durante la campaña electoral del presidente Nixon contra el Partido Demócrata. Durante su investigación, los periodistas fueron ayudados por un miembro del FBI denominado garganta profunda. Éste guio a los investigadores en todo el proceso. Nixon fue juzgado por la corte suprema de los Estados Unidos y obligado a dimitir en 1974, dos años más tarde, tras demostrarse que estaba al corriente de todo. Junto a él, 69 personas más fueron juzgadas y condenadas.

Es una gran película sobre un hecho histórico, el acto de corrupción más famoso de la historia norteamericana. Con muchas referencias a personas, a hechos.

Como siempre, la pregunta es muy evidente: qué tiene que ver con todos nosotros, con nuestro mundo actual. Creo que es muy obvio.

Pero, quién diría que esto es de hace muchos años. Cuando estamos al orden del día de casos continuos de corrupción. Escuchamos multitud de casos de un partido, de otro, o desde el propio partido a sus compañeros. De un tema a nivel local, a nivel nacional. Incluso recientemente escuchas de programas mega sofisticados. Todo ello, no se sabe en nombre de quién, a favor de quién, en virtud de qué.

Entendemos que no todo está permitido, que no todo vale, que no todo es absolutamente válido por el bien de algunos que dicen ser en nombre de todos.

No hace poco, salían noticas de algún grupo que debía hacer frente a pérdidas por gestiones anteriores. O que otros no querían asumir los errores de gestores anteriores.

Ni hablar del tema del deporte, donde también podemos verlo con demasiada frecuencia.

Creo que debemos tener más transparencia, no podemos estar tan desprotegidos, tan abandonados al deseo de algunos frente al interés común. Los salvadores, de lo que quiera que lo sean, suelen ser nuestros peores enemigos.

Así como ahora llegamos a un escenario complicado, con fusiones a todos los niveles, que no dejan indiferente a nadie. Con las primeras “víctimas” por el camino, a pesar de que hayan sido útiles a causas anteriores. Debemos saber que, si queremos un futuro mejor del sector, debemos ver las cosas con cierta perspectiva. Que no vale hablar de guerras del pasado si queremos que el futuro tenga sentido y sea claro. Que las rencillas, que siempre las hay, deben dar paso al diálogo. Porque si no hay diálogo, si no hay ver más allá, nos pasará como a Nixon: intentar ganar a cualquier precio tiene un coste muy alto.

Los periodistas hicieron un trabajo impecable, buscando información, contrastándola, sabiendo que cada paso era peligroso, que estaban solos, que nadie les iba a creer. Pero siguieron en la lucha, deseaban tener un futuro mejor, con elecciones limpias, con políticos mejores. Por lo tanto, si ellos pudieron, ¿por qué no podemos el resto?

Escuchamos aún hoy en día espionajes, escuchas a niveles inimaginables, todo ello en nombre de quién y qué. Por lo tanto, bajemos la tensión, creamos en tender puentes.

Las fusiones y los cambios son necesarios, el escenario del mercado es cambiante y los demanda, los exige. No todo puede ser como siempre, sin cambios, sin modificarse para la actualidad, pensando en el ayer. Lo que hace 10 años era bueno es simplemente un espejismo del pasado.

Seamos valientes. Mejor serlo que convertirse en cobardes en el olvido. Si no evolucionas, dejas de ser útil. Y si dejas de ser útil te puedes extinguir.

Si crees que todo es aún posible pon un puente en el diálogo, cree en lo que haces y en cómo lo haces. Y si, por el contrario, quieres seguir en el pasado inmovilista, vigila que, como el presidente Nixon, no quedes a un lado.

Se el punto final de aquel artículo que marcó un antes y un después en todo un país y en el periodismo.

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