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Cuántas cadenas que vienen de otros países, con sus colores, gamas de productos y precios, han tenido que cerrar sus puertas, ya que sus ofertas distaban mucho de lo que el cliente de aquí esperaba de ellos. Un nuevo artículo de opinión de nuestro colaborador el Bricolador Enmascarado, esta vez analizando el film 'El fugitivo' (1993).

Hoy hemos seleccionado un clásico de las películas de acción, aun siendo una adaptación de una serie de los años sesenta. Me refiero a El fugitivo, una película americana del 1993 dirigida por Andrew Davis y con dos grandes figuras del cine: Harrison Ford y Tommy Lee Jones.

Nos narra la historia del Doctor, Richard Kimble (Harrison Ford), que es acusado injustamente del asesinato de su mujer, Hellen (Sela Ward), basándose en la grabación telefónica que ella realiza para pedir auxilio a la policía, ya que pronuncia su nombre. Le acusan pese a que él mantiene que el autor es un hombre con un brazo ortopédico, cosa que la policía ni cree ni investiga, ya que piensan que lo hizo él por el seguro de vida. Es condenado a la pena capital, pero en el trayecto del bus que lo transporta a la prisión, sufre un accidente provocado por uno de los presos.

El protagonista escapa y es perseguido por agentes de los U.S Marshals. Su jefe es Samuel "Big Dog" Gerard (Tommy Lee Jones), con quien se encuentra en más de una ocasión, donde le intenta demostrar que es inocente. Kimble descubre que su esposa fue asesinada por error, siendo él el verdadero objetivo del crimen. Todo por la investigación de un nuevo fármaco con resultados poco claros desarrollado por un gigante de la industria farmacéutica. Kimble consigue capturar al hombre del brazo ortopédico, también descubre que su amigo Charles Nichols (Jeroen Grabé) cambiaba las muestras que le entregaba. Por ello, cuando el protagonista lo descubre, su amigo ordena matarlo.

Al final consigue demostrar su inocencia y recuperar su buen nombre.

Ahora viene la pregunta de siempre, ¿qué tiene que ver esto con nuestro mercado? Creo que mucho. Sí, es así. Muchas veces damos por confirmado lo evidente, pero solo lo que parece, que no es siempre es lo real.  Parecía evidente que el Doctor era el asesino de su mujer, pero al final se demuestra que no es así.

Pues bien, ¿cuántas veces damos por sentado que el mercado es de una forma, que los clientes son de un determinado estilo? Luego no siempre es así, en demasiadas ocasiones el mercado es de una forma muy diferente a lo que nosotros conocemos o esperamos de él. No hemos de olvidar que la verdad está ahí fuera, por mucho que nos pese.

Cuando en un negocio nos empeñamos en intentar vender productos que, o el mercado o los clientes no necesitan, o al menos no de la forma que los presentamos o queremos venderlos. Llenamos lineales de productos con precios inadecuados, o con formatos que no son los idóneos. Cuántas veces cadenas que vienen de otros países, con sus colores, gamas de productos, precios, han tenido que cerrar sus puertas, ya que sus ofertas distaban mucho de lo que el cliente de aquí esperaba de ellos.

Pasa igual con las empresas que sacan al mercado productos no deseados por sus clientes, por sus redes comerciales. El resultado es el esperado: desastre total.

Hemos de creer en aquello que deseamos realmente. Demostrar qué es lo correcto, como el Dr. Kimble, que, pudiendo huir, prefiere volver a su ciudad, buscar a ese hombre manco, luchando y arriesgando su vida para limpiar su nombre y tener su inocencia.

Si estás convencido de algo, de un producto, has de conocer lo que llevas entre manos. Es como lo que le pasaba al Doctor, que no quiere que el medicamento produzca daños a los pacientes. Por ello lucha hasta el punto de poner en peligro su vida. Pero es alguien que conoce bien el terreno, lo que el paciente necesita.

No se trata simplemente de poner un producto en un lineal, comprando sin criterio, sin escuchar a un especialista que pueda aconsejarnos. ¿Cuántas veces nos pasa? ves que las tiendas están llenas de productos de baja calidad, de precios abusivos. Porque no quieren oír consejos, porque no quieren asesorarse sobre cómo y qué vender, prefieren el precio fácil, ganar un margen inmenso. Pero, al final, la calidad sale barata, el buen producto es lo que el cliente acaba reconociendo.

Vender por vender barato lo saben hacer todos. Luchemos por la verdad en la que creemos, pero conociéndola, siendo coherentes, siendo lo que el mercado espera y desea. Si no, a simple vista el Doctor es culpable, el medicamento es correcto, las primeras impresiones son las adecuadas.

Nada, nada es lo que parece, nada es lo que debería ser, pero por ello siempre hay un motivo para luchar, para creer en lo correcto. No olvidemos conocer de lo que hablamos, llevarlo a la práctica, con criterio, documentándonos, con sentido, porque al final la verdad siempre está ahí fuera, y, más tarde o temprano, se impone. El mercado nos lo recuerda cada día.

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