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¿Es lógico pagar los carburantes al precio que se nos están cobrando? ¿es lógico pagar los suministros de luz y gas al precio de rico que nos están imponiendo? La historia de la película es ciencia ficción, pero la que vivimos se está convirtiendo en cine de terror. Un nuevo artículo de nuestro colaborador el Bricolador Enmascarado.

Pensando en los acontecimientos de los últimos meses, pandemia, guerra, precios de las materias primas, de los combustibles… me ha venido a la memoria la película In Time, de 2011. Un film norteamericano con la dirección de Andrew Niccol y protagonizada por Amanda Seyfried, Justin Timberlake, Cillian Murphy, Olivia Wilde, Matt Bomer, Alex Pettyfer y Vincent Kartheiser.

Parece muy futurista, ya que nos habla desde el 2161, pero trata temas realmente actuales. Todo el mundo gira hacia un hipotético control de los seres humanos por un reloj insertado en sus muñecas. A cambio de su tiempo de vida pueden comprar cosas, pero por eso mismo son tremendamente controlados por la clase rica, que vive en áreas cerradas a los pobres. Estos últimos han de mal vivir, trabajando para no morir por no tener tiempo en sus manos, literalmente. El tiempo es vida, es dinero, es poder, si tienes tiempo en tu reloj eres rico. Si no, hasta puedes morir por unos segundos.

Will Salas (Justin Timberlake), el protagonista, es un trabajador de 28 años en una fábrica. Un día, Will y su mejor amigo, Borel (Johnny Galecki), ven en un bar a un hombre que tiene un siglo en su reloj. El hombre es atacado por ese preciado tesoro, Will le ayuda, y antes de morir le cede ese siglo de vida y poder. Los pobres trabajan matándose para que los ricos puedan ser inmortales.

El protagonista es perseguido por los guardianes del tiempo, la policía del lugar, por ayudar a ese hombre. Pese a ello, Will acude a la zona de los ricos, ha de pagar peajes de tiempo para poder acceder donde viven. Allí conoce a Phillipe Weis (Vincent Kartheiser), el fundador de la compañía de Prestamistas de Tiempo Weis y a su hija de veintisiete años, Sylvia Weis (Amanda Seyfried). Ella se enamora de Will. Juntos roban una importante cantidad de siglos del tiempo y escapan. En su huida, roban bancos del tiempo que distribuyen entre la población, consiguiendo que poco a poco el sistema montado por los ricos se desmorone.

Es una película con moraleja, con mensaje, y ahora más que nunca nos viene como anillo al dedo. ¿Es lógico pagar los carburantes al precio que se nos están cobrando? ¿es lógico pagar los suministros de luz y gas al precio de rico que nos están imponiendo? La historia de la película es ciencia ficción, pero la que vivimos se está convirtiendo en cine de terror. Lo curioso es que no hay manifestaciones en contra de ellos, más bien caravanas para salir de vacaciones hacia las playas o lugares de veraneo.

Es como si todo el mundo diese por bueno este sistema nuevo donde nada tiene sentido, donde nada tiene lógica. Los precios de los materiales están fuera de cualquier control. Parecía que lo peor que nos podía pasar era la pandemia, pero resulta que no. ¿Qué va a pasar cuando los consumidores no puedan pagar este o aquel producto? El consumo se va a parar de golpe. Si no hay venta, no hay compra, si no hay compra, las empresas no pueden facturar. Estamos en una espiral que nadie parece querer parar.

Las subidas de contenedores, las demoras de entregas, los precios de los costes por todo tipo de temas de combustibles, de materia prima y las huelgas de transportistas. Creo que deberíamos pararnos a pensar para que veamos que esto tiene que acabar. Las personas de a pie tienen un límite en el contador de su pulsera, los sueldos apenas suben para poder pagar las cosas básicas, estamos en un cohete que va hacia la luna sin poder ser detenido.

Estamos como los protagonistas de la historia: en manos de unos cuantos que quieren más y más, sin que nadie les pueda poner límites.

Debemos pensar a quién compramos los carburantes, dónde producimos las energías. De dónde sale los productos de las fábricas. Hemos entregado el todo por unos céntimos más baratos y ahora todo, todo es mucho más caro, sin generar el empleo que nos haría tener una economía mejor.  Necesitamos líderes, no políticos, necesitamos pensadores y no buscadores de votos. Necesitamos a quienes puedan pensar más allá de un simple escalón de elecciones. Hemos de poder ver que el futuro está en manos de quienes van a luchar por nosotros. En un país con tantas horas de luz, de fuertes vientos y mares, pagar los suministros como los pagamos no tiene nombre. Necesitamos tener más tiempo, mucho más que unos simples minutos en nuestros relojes. Porque, si no, mataremos el consumo, la economía, la vida como la conocemos para malvivir, como los pobres de la película.

Por desgracia, no tendremos ladrones del tiempo que repartan su botín entre aquellos pobres que no saben qué hacer para vivir.

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