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Llevamos semanas, meses, algunos incluso casi un año, sin tener respuesta de muchos clientes. Con la pandemia se generó una preocupante costumbre: no dar respuesta a los mails, a las llamadas, a las incidencias por parte de algunos clientes. Un nuevo artículo de nuestro colaborador, esta vez observando los fenómenos extraños de nuestro sector a través de la película ‘Poltergeist’ (1982).

Hace tiempo que buscaba una película para tratar un tema que está sucediendo en nuestro mercado desde la pandemia. Por fin, creo que la encontré. Se trata de Poltergeist, de 1982, dirigida por Tibe Hooper y producida por el rey midas del cine Steven Spielberg, su primer gran éxito. Protagonizada por Heather O'Rourke,  JoBeth Williams, Craig T. Nelson, Oliver Robins, Dominique Dunne, Zelda Rubinstein, Beatrice Straight y Richard Lawson. 

Nos cuenta la gran historia de una casa que está sufriendo fenómenos extraños, conocidos como Poltergeist. Es una familia tranquila: el padre es un promotor inmobiliario y la madre es ama de casa, que cuida de sus tres hijos.

Ante la sorpresa de todos, un día la hija pequeña se pone a conversar con el televisor, aunque no esté conectado. El episodio se repite la noche siguiente y sale un ser maligno de la pantalla. Lo que continúa con un terremoto, al acabar, la niña, Carol Anne, dice la famosa frase de “ya están aquí”. Comienzan a suceder todo tipo de fenómenos: vasos rotos, vajillas que se doblan, fantasmas que mueven muebles…Durante la noche, un árbol intenta secuestrar al hijo, y la hija entra en un portal especial a través de su armario. El espíritu maligno la secuestra y la familia se comunica con ella escuchando su voz a través de la televisión -aunque siga apagada-.

Contactan con un grupo de parapsicólogos para poder investigar la desaparición. Al final, descubren que la urbanización se ha construido sobre un cementerio donde no se trasladaron los cadáveres. Piden ayuda a una médium para poder rescatar a su hija, Tangina. Esta dice que los espíritus necesitan a la niña para llegar a la luz que les dará la paz, pero que el ente maligno la tiene retenida para controlar a los que están perdidos.

Tras un duro proceso consiguen salvar a Carol Anne. Creen que todo ha terminado, pero no es así. La Bestia Maligna intenta secuestrar a la madre y a los hijos. Logran escapar cuando ven ataúdes que salen de la piscina y por todo el barrio, se salvan mientras la casa es absorbida por otra dimensión. La familia acaba durmiendo en un hotel y la película termina con el padre sacando la televisión de la habitación, una escena que ya forma parte de la historia del cine.

Por desgracia, muchos nos encontramos en situaciones similares. Sin saber cómo, nos está pasando. Llevamos semanas, meses, algunos incluso casi un año, sin tener respuesta de muchos clientes. Con la pandemia se generó una preocupante costumbre: no dar respuesta a los mails, a las llamadas, a las incidencias por parte de algunos clientes. Independientemente del tamaño de negocio. Se instauró el teletrabajo, pero se quedó sólo el tele. Con esa excusa se autoriza el no dar respuesta a mails, a llamadas múltiples, a no saber ni querer contestar temas pendientes. No hay razón lógica. Todos tenemos mucho, muchísimo trabajo, pero no como para no dar respuesta en meses y meses.

Deberíamos ser lo suficientemente profesionales, porque queremos serlo, porque debemos serlo. No por ser cliente puedo hacer lo que quiera, sin tener ni respeto ni responsabilidad hacia el proveedor. Tenemos la sensación de que somos la niña de la película, hablando con una tele apagada, sin nadie que nos escuche, sin nadie que dé respuesta alguna. No es un extraño fenómeno, es simplemente falta de responsabilidad de la otra parte. De no querer tener los medios adecuados para atender las obligaciones mínimas. Este negocio es parte de dos, no se vende si no se colabora. No somos la Bestia Maligna, no queremos llevarlos al lado oscuro, no queremos llevarlos por el mail.

Estamos para ayudarles a ir por la senda correcta, para ir juntos por ese portal, unidos por la cuerda que nos una en un camino común en el negocio que queremos que sea provechoso para ambos.

No hemos solidificado nuestra relación en un antiguo cementerio. Lo habíamos hecho en visitas presenciales, donde las relaciones personales eran importantes, donde el apretón de manos tenía un sentido. Ahora todo son mails, wasaps que se envían sin control, sin identidad, sin que la otra parte de su impresión o su respuesta.

Hemos entrado en una era digital sin poder poner humanidad. Esa humanidad que la madre demuestra en la película para salvar a su hija. Estamos teletrabajando sin dar sentido humano, estamos en otra dimensión. Olvidamos de dónde venimos. Hemos creado una forma de relación humana, comercial, que estamos lanzando a través del portal del armario, hacia un mas allá que no nos aportará nada: solo somos el que envía mails en una dirección sin respuesta.

O esos otros clientes que ahora te dicen que no dan visita, que ya no reciben por el tema de la pandemia. Sin embargo, sí atienden a sus clientes en la tienda. No hay riesgo en las dos actividades. Somos lo que aportamos negocio, quienes llevamos las novedades, las muestras, solucionamos las devoluciones, reponemos en el lineal, etc. Somos parte de su negocio de una forma activa.

Entendemos las precauciones, entendemos que todo el mundo tiene mucho trabajo. Pero ¿qué pasaría si nosotros hiciésemos lo mismo cuando nos envían un mail, cuando nos piden una oferta, cuando nos llaman? No somos la Bestia Maligna ni ellos la niña de la televisión. Hemos de poder llegar juntos a donde la luz nos ilumine para ser un poco más felices, porque “ya todos estamos aquí para quedarnos”.

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