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Cadena 88
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Llevemos los mejores a nuestras empresas, aunque sean diamantes en bruto. La inversión en personal es la más rentable, en formación, en gestión de equipos, en tratar al cliente. Si se considera un gasto, puede que el próximo sea el de cómo liquidar la empresa.

Dado que se acerca el final de las competiciones deportivas de todas las disciplinas, he creído oportuno buscar una película, no demasiado conocida, pero que bien nos puede servir para tratar determinados temas. Se trata de Hustle, un film del 2022 dirigido por Jeremiah Zagar. Nos cuenta la historia de un cazatalentos de la NBA que descubre a un jugador con potencial aún por pulir en España, casi por casualidad.  El ojeador de baloncesto trata de que pueda entrar en el Draft de la NBA. Es el gran sueño de Stanley, su última oportunidad para ser entrenador asistente, ser capaz de colocar a un gran jugador para su equipo, el 76rs de Philadelphie. Su vida es un caos, no tiene vida familiar y viaja de una parte a otra del mundo constantemente. Su situación personal empeora tras la muerte del anterior propietario del equipo, pues su hijo, con el que no tiene una buena relación, pasa al mando de la formación de baloncesto.

Pese a unos buenos informes, el propietario no accede a que Bob, el talentoso jugador, vaya a hacer la prueba. Pero, aun así, Stanley corre con los gastos del viaje y de la estancia porque cree en él. Por ese hecho discute con el dueño del equipo y se despide, jugándoselo todo a una sola carta. A partir de ese momento comienza todo un camino a lo largo de seis semanas de preparación para poder llegar a las pruebas. Le promete a Bob y a su madre que tendrán un futuro en Estados Unidos y hace de todo para que pueda llegar a ese partido, acude a sus contactos, amigos y lo promociona en internet.

Al final Bob puede jugar el partido, pero no acaba nada bien. Casi cuando está marchándose de vuelta a España, le llaman para un partido muy especial, sin prensa, solo con directivos de los equipos de la NBA. Es seleccionado para uno de los grandes. En su equipo cambian las cosas y es ahora la hija del anterior propietario quien dirige las cosas. Stanley consigue su ansiado puesto de entrenador asistente y su vida cambia.

Deberíamos hacer esto siempre que podamos. Ver, buscar los mejores candidatos para nuestras empresas, nuestros negocios. Y una vez estén dentro de nuestras organizaciones, cuidarlos, darles los medios para que ellos sean mejores y a la vez hagan mejores y más productivas a las empresas. No tiene sentido fichar a un pívot que no sepa defender, ni luego ponerlo de base. No se hizo un Draft ni se pusieron recursos para dejarlo en el banquillo sin jugar o sin darle minutos. No se trata de convertirle en de uno los de la basura, como dicen en la jerga del baloncesto. Si el dependiente de una tienda tiene madera de buen responsable, ¿por qué no formarlo, darle el plus que puede llegar a tener? Nos hará más grande, marcará esa diferenciación con la competencia.

La diferencia entre dos empresas similares es el personal, único e irrepetible, y sus clientes.

Podemos igualar productos y servicios, pero la forma en la que lo hagamos nos hace diferentes e inigualables. Seamos competentes, dejemos que la incompetencia sea patrimonio de otros.

Marquemos el camino a seguir. Si nos rodeamos de mediocridades para que no nos lleven la contraria, tendremos una empresa del montón del pelotón, nunca estaremos en la cabeza de la carrera. El retrovisor lo usarán otros, y la temperatura del mercado la tomarán ellos, no nosotros. Como líderes, tenemos derecho a equivocarnos, pero tras un criterio profesional y riguroso. La improvisación reiterada es signo de no saber ni qué se hace ni hacia dónde se va.

¿Buscamos ganadores y líderes en nuestros equipos o corderos poco molestos que no nos hagan mucho ruido en el oído? Precisamente, cuando no hay ruido en el oído es cuando el mercado se cae, las ventas dejan de ser rentables y los espejos de nuestro coche no nos enseñan el camino del éxito.

Llevemos los mejores a nuestras empresas, aunque sean diamantes en bruto. La inversión en personal es la más rentable, en formación, en gestión de equipos, en tratar al cliente. Si se considera un gasto, puede que el próximo sea el de cómo liquidar la empresa.

Stanley lucha, se esfuerza por lo que cree más justo: porque Bob pueda marcar la diferencia en su equipo. ¿Por qué no lo hacemos nosotros igual con quienes tenemos en nuestra mesa de reuniones?

La escuela de una empresa sobre cómo crear profesionales es lo que marca a esa compañía en el mercado. Tenemos algunas en nuestro país, de reconocido valor, que han dado muchos buenos directivos al mercado. Mientras otras recogen lo que otros ni valoran ni quieren, o si tienen por casualidad uno de los buenos, casi que mejor que se vaya, la media es mejor mantenerla sin cambios, en un perfil bajo, así no hay problemas.
Esto es lo que ha llevado a empresas líderes en otros tiempos a no existir a día de hoy, o a estar próximas a dejar de serlo.

Una política de buena selección y formación, de potenciar los talentos, es tan necesaria como una política comercial o de marketing, no olvides: los productos, los servicios, los gestionan y los ofrecen personas a personas. Eso no cambia ni cambiará.

Sin esto, el resto nos pone a la cola del pelotón. Si lo prefieres, puedes luchar por ese ansiado anillo de campeón de la NBA.

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