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Cadena 88
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A veces, nuestras empresas se empeñan en comunicar mensajes tan sofisticados que no conectan con el consumidor. En ocasiones se lanzan productos al mercado que nadie ha pedido, que no tienen sentido, que no han sido pensados para aquellos que los van a usar. Un nuevo artículo de nuestro colaborador, esta vez sobre la película ‘Encuentros en la tercera fase’ (1997).

Hoy he vuelto a un pasado de películas hecho con medios muy primitivos, pero que tuvieron un gran impacto entre la audiencia, hasta el punto de ser recordadas en nuestros días. Sobre todo, por el mensaje. Me refiero a Encuentros en la tercera fase. De 1977 y cómo no, del mago del cine:  escrita y dirigida por Steven Spielberg, y protagonizada por Richard Dreyfuss, Melinda Dillon, François Truffaut, Teri Garr, Bob Balaban y Cary Guffey.

Nos narra la historia de Roy Neary, un tranquilo reparador de líneas eléctricas que ve transformada toda su vida tras experimentar un encuentro con un OVNI. Tras ello, comienza a investigar este tipo de fenómenos.

Mientras, en el desierto de Sonora, un científico francés que investiga este tipo de fenómenos, Claude Lacombe, y su traductor ven cómo un escuadrón del vuelo 19, desaparecido tras la II Guerra mundial, aparece intacto, pero sin sus pilotos.

La cosa se pone incluso aún más extraña cuando un carguero, el Cotopaxi, desaparecido en el Triángulo de las Bermudas, aparece en pleno desierto de Gobi. Mientras, un avión es perseguido por un objeto que no sabe cómo describir. Todo sucede al mismo tiempo.

Roy queda fascinado por este tema, hasta el punto de obsesionarse. Su esposa le deja por creer que está loco. Solo piensa en cinco notas musicales y una montaña en el desierto. Otra mujer cuyo hijo ha sido abducido por una nave piensa en esa misma montaña. Ambos ven en un programa de TV que la montaña existe en la vida real y deciden ir hasta allí.

El gobierno intenta que nadie esté en esa zona, argumentando la fuga de unos camiones de carácter toxico. Tras luchar contra todo, ambos descubren que bajo esa montaña hay toda una preparación para poder contactar con los OVNIS, usando las notas musicales. Más tarde aparece la gran nave nodriza, de donde descienden los pilotos desaparecidos y los tripulantes de los barcos. Roy consigue entrar en esa zona, convencer al científico francés de que quiere marchar en la nave, cosa que consigue. Su conexión es total y puede marchar con ellos.

Una historia fantástica, pero que nos tiene que hacer reflexionar sobre varios temas. El primero es que no estamos solos. No me refiero al universo sino a nuestras empresas, a nuestros negocios. No somos una especie única e inigualable, no somos la única solución a todo. Es cierto que podemos ser muy especiales, pero solos no sumamos, solos no somos fuertes, solos somos una mancha en ese firmamento que no nos lleva a ninguna parte.

Las conclusiones sobre la película son varias. La más importante es conectar. Pese a tener una buena tecnología, para aquellos años no era suficiente, era necesario encontrar un método, un sistema sencillo, primario, para poder conectar con las naves OVNI. A veces, nuestras empresas se empeñan en comunicar mensajes tan sofisticados que no conectan con el cliente, con el consumidor. En ocasiones se lanzan productos al mercado que nadie ha pedido, que no tienen sentido, que no han sido pensados para aquellos que los van a usar, aunque luego excusemos su falta de éxito con argumentos poco creíbles.

Conectar con el cliente de una tienda, de una campaña de marketing, o simplemente con el personal de nuestro equipo no es sencillo. Hay que intentar entender a quiénes van dirigidos nuestros mensajes, empatizar con ellos, poner en su nivel de comprensión lo que digamos. Necesitamos saber qué se espera de nosotros. Poner la promoción de un artículo sin destacar su precio de oferta, sin mencionar su precio anterior, es un ejemplo sencillo de algo que es básico, pero que muchas veces no se hace. Convocar una reunión sin marcar el orden del día ni los objetivos que se quieren conseguir es otro ejemplo en la empresa de no saber conectar.

Cuando tenemos personal a nuestro cargo y no sabemos qué esperan de nosotros, tampoco estamos conectando, es el ejemplo de estar emitiendo unas notas diferentes, con lo que la comunicación es pobre e inútil. La comunicación se basa en muchos factores, pero sobre todo en el que el emisor entienda para quien está pensada, en qué formato la ha de realizar, cuáles son sus objetivos. La forma en la que comuniquemos le dará la calidad de la recepción del mensaje.

En la película, esas simples cinco notas dan la forma perfecta para que dos formas de vida diferentes puedan comunicarse. El mensaje que tiene el protagonista grabado en su mente le hace seguir el camino correcto, aunque no sea sencillo. Hagamos esto, seamos simples pero directos, seamos perspicaces, pero sin perdernos por caminos paralelos. Cuando pidamos algo a quienes comparten el trabajo con nosotros, hagámoslo.

Cuando hagamos una promoción, que sea pensando en nuestro cliente, y que el folleto sea lógico, que cubra las necesidades que busca el consumidor. Que las fechas de lanzamiento de los productos cumplan con las necesidades del cliente, no de quien no sabe qué agenda se cuece en la realidad del mundo exterior.

Demos las notas adecuadas a nuestro xilófono, veamos la claridad en nuestros caminos, seamos inspirados por los rayos del espacio exterior. Demos esa nota diferente para que nuestro equipo y nuestro mercado sepan entender que conectamos con ellos.

Seamos un encuentro en esa tercera, en esa cuarta, y en las fases que sean necesarias.

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