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Cadena 88
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¿Cuántas empresas han llegado a ser grandes compañías por el sueño de un loco, de un visionario? Un nuevo artículo de nuestro colaborador, esta vez sobre la película Ride like a girl (2019).

Para hoy he seleccionado una película que muestra lo que quiere decir la determinación y creer en uno mismo, en un proyecto, en un sueño. Me refiero a Ride like a girl, película australiana de 2019. Dirigida por Rachel Griffiths y con un buen reparto, Teresa Palmer, Sam Neill, Sullivan Stapleton y Magda Szubanski.

Nos narra la historia de la pequeña Michelle Payne, que tiene un sueño realmente imposible: ganar la copa de Melbourne, una carrera de hípica de dos millas, siendo la más dura de todas. Fue criada por su padre en un ambiente muy masculino rodeada de sus diez hermanos. Por su sueño, abandona a los quince años el instituto para dedicarse a la hípica a tiempo completo, que es toda su ilusión, su único objetivo. A pesar de tardar en conseguir la técnica, Michelle consigue convertirse en una auténtica jinete, pero una tragedia familiar y una fatal caída con su caballo hacen que toda la esperanza se termine.

Parecía que todo estaba totalmente perdido. Pero con el apoyo de su padre y su hermano Steve decide volver a intentarlo, aun teniendo en contra a los médicos y el resto de sus hermanos.

No fueron suficiente ni las graves heridas, ni los problemas de la recuperación, ni el rechazo de una sociedad que no creía que ella podría primero recuperarse y luego llevar a buen puerto su sueño.
En contra de todo y todos consigue ganar esa dura carrera, convirtiéndose en la primera mujer en conseguirlo. Era una gran proeza, un hecho que no tenía precedente. Si se hizo realidad, fue gracias a su fuerza de voluntad, a creer en sus posibilidades.

¿Cuántas empresas han llegado a ser grandes compañías por el sueño de un loco, de un visionario? Gente que ha logrado hacer de la nada grandes compañías, grandes empresas, grandes establecimientos.

Han sido las luchas de una sola persona, que han contagiado a las personas que han colaborado con ellos. Solo hemos de mirar a pequeñas tiendas que después se han convertido en grandes almacenes. Nos vienen a la cabeza algunos como El Corte Inglés. Aquello sirvió como ejemplo para otras personas.

Otros, por desgracia, fueron cerrados con el tiempo, como Galerías Preciados. Esto nos lleva a pensar que muchas empresas fueron creadas por hombres decididos, con visión de mercado, de futuro. Ahora, esa visión, esa ilusión, esa cercanía al mercado a los empleados y clientes ¿cómo es que se ha perdido en segundas y terceras generaciones? ¿Qué ha pasado para que esas empresas referentes en el mercado o hayan cerrado o estén ya en segunda línea? No se puede llegar a entender cómo se han perdido las posiciones de liderazgo en el mercado, cómo ya no se conecta con el mercado ni con los empleados.

No es culpa de crisis ni de menos ventas, eso es una excusa. Por desgracia, el motivo es no estar en la calle, no escuchar al mercado, no querer afrontar los problemas. No son capaces de ponerse en esa carrera donde todos dicen que no llegarás al final y que mucho menos ganarás. No son quienes pueden hacer cumplir sus sueños, si es que son esos, para hacer de esas empresas aun mejores. Sus fundadores partieron de la nada y ellos desde la cima, y aun así no son capaces de seguir el camino de la creatividad, de la cercanía, de la innovación. Es más fácil no hacer nada diferente, no entrar en problemas, no escuchar las opiniones que no son agradables. Para que, en algún momento, lo que escuchen sea un portazo con el que cerrar las puertas de los negocios. Es verdaderamente una pena que cientos de grandes proyectos caigan en el olvido por falta de fe, de humildad, de creer en proyectos comunes y no en egos creados a golpe de master y de coches caros.

La verdad siempre está ahí fuera, el mercado es exigente y cruel, es una sola la foto de la realidad, aunque para algunos salga movida y no sea del color esperado.

La protagonista sabe qué quiere y cómo lograrlo. Valora la ayuda de su hermano con disminución intelectual, pero con una visión de que lo que se quiere se puede lograr. Cree, escucha, sabe que lo importante es el equipo, solo con ello se puede llevar a buen puerto. El caballo y ella son una sola alma, un suelo cuerpo, un solo sentimiento.

La pena es que pocas empresas, pocos establecimientos, piensan así. Solo de esta forma pueden llegar a un buen final. Ganar la carrera y ganarse a uno mismo y a todos es imposible si no se ponen los medios, si no se pone la fe. Si se vive de espaldas a la realidad, si creemos que podemos ganar sin esfuerzo, acabaremos en la última posición de la carrera y sin remedios perderemos el tren del mercado.

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