Su imán se adhiere con firmeza al metal aguantando una temperatura de hasta 425°C. Sus principales ventajas son la prevención de un sobrecalientamiento de la estufa y un control del consumo de leña evitando malgastarla, lo cual supone un importante ahorro para el consumidor.
El termómetro puede situarse en la parte superior, frontal o lateral de la estufa, siendo la parte más caliente el lugar idóneo para colocarlo. Siempre siguiendo las recomendaciones del fabricante de la estufa y evitando que el termómetro entre en contacto con el fuego.
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