Panter septiembre 2018
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La verdadera historia del precio de compra es algo que, desde mi opinión, ni el 10% de los comerciantes saben realmente al precio que estén comprando. Nuevo artículo de opinión de nuestro colaborador: El bricolador enmascarado.

Esta frase la hemos oído cientos veces, en cientos de lugares. Es algo tan recurrente, tan falto de contenido, que quien nos lo dice no sabe realmente lo que está diciendo. Es el último y primer recurso de quienes no saben cómo argumentar su línea de negocio, su línea de venta y la atención al cliente. Te lo suelen decir sobre todo en artículos de bajo coste, de mucha o poca rotación, que además están colocados junto a productos de alto precio de reconocidas marcas, que sobre estos no tienen precio. Te dicen: “pero es que tengo que tenerlo”.

La verdadera historia del precio de compra es algo que creemos que ni el 10% de los comerciantes saben realmente al precio que estén comprando. Me explicaré. El precio de compra no solo es aquello que consta en el albarán, en la factura. El precio real de producto que se compra o adquiere tiene muchas variables: Entre ellas, si la cantidad que has de comprar para dicha oferta, es real, excesiva y acorde con la que necesitas realmente.

Los portes, es decir, cuando realmente necesitamos unos 30 euros y el pedido ha de ser de 300 euros, el resto se queda en ese stock, vete a tu saber cuándo se va a vender y no lo necesitamos. Sin mencionar si la calidad de ese producto es o no lo adecuada para la clientela que tenemos.

También el formato de las cajas, en ocasiones hay que comprar una unidad de embalaje adecuada a lo que nos hace falta, pero como es barato no importa. Si pertenecemos a una cooperativa o grupo de compra, ¿esa empresa a la que aportamos pertenece a ella? Colabora en todo aquello que ese grupo conlleva, es decir, rappel, ferias, almacén, etc. Comprando a proveedores externos, no hacemos grandes a ese grupo.

Si todos los que pertenecen a ese grupo, solo comprasen a proveedores externos, no se podrían hacer folletos, ferias, certámenes, ni ese grupo nos podría dar el servicio que nos da. Ni gestión, ni páginas web, ni almacén, ni nada de nada. Sin hablar del posible servicio post-venta, al que tenemos que recurrir cuando ese producto no alcanza la calidad adecuada y el consumidor reclama.

Sin hablar, de ese 30 % de stock que todas las tiendas tienen que es invendible que es comprado sin necesidad, porque era barato, porque era de oferta, porque lo tenía que comprar para llegar a portes. Ese 30% es carísimo, es mucho más del dinero que hemos de pedir al banco para tener liquidez. Pero, como no hemos hecho nunca un inventario no sabemos si ese porcentaje es el 30 o el 40...

¿Por qué no ponemos ese porcentaje en circulación, liquidando esos productos? Si es posible que sea vendible, porque algunos son de usos que ya no existen, o de formatos descatalogados, etc.

En una tienda de ferretería no hace mucho, en un espacio de 220 cms de alto por 130 cms de ancho, había un producto que podría ser servido por uno o como mucho por dos proveedores. Pues bien, había hasta 14 proveedores diferentes. Increíble pero cierto. Imagínense, 14 pedidos mínimos, 14 pedidos para llegar a portes. 14 pedidos con stocks innecesarios para pedir los 30 euros que necesitas.

La verdad es que ese tendero no es un simple tendero, es un mago, como hacer para poder gestionar esos metros así. ¿Si eso lo hace así, como hace el resto de la tienda? Incalculable, increíble, pero demasiado real.

En estos casos es bueno saber, lo que nos está costando el producto realmente. Porque si además consideramos que a quienes compramos, no aportan marketing, expositores, estanterías, etc. Eso también va en el precio, ¿lo hemos de pagar nosotros también? Es una pequeña reflexión de como gestionamos los pedidos, los costes, los precios, y sobre todo los stocks. Stocks tóxicos, palabra que muchos conocen pero que muy pocos saben gestionar. Pensemos que compramos y a que precios compramos...

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