Panter septiembre 2018
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Nos vemos sumergidos en organizaciones que en una primera instancia desean evolucionar, ir un paso adelante en el mercado, marcar una diferencia, pero por desgracia, todas esas buenas intenciones se diluyen en el día a día. Nuevo artículo de nuestro colaborador el Bricolador Enmascarado.

El bueno, el feo y el malo es una película de spaghetti western de 1966. Fue dirigida por Sergio Leone, y contó con la actuación de Clint Eastwood, Lee Van Cleef y Eli Wallach. Una película con un argumento que viene muy bien para explicar lo que nos podemos encontrar en muchas empresas.

Y es que en algunas ocasiones hay situaciones muy extrañas, situaciones en las que no sabemos cómo luchar contra el inmovilismo en las empresas. Una pregunta que muchos profesionales nos hacemos cada día. Son situaciones en donde no sabemos quién es el bueno, quien es el malo, quién es el feo. Una cuestión que no sabes cómo contestar o actuar.

Nos vemos sumergidos en organizaciones que en una primera instancia desean evolucionar, ir un paso adelante en el mercado, marcar una diferencia, pero por desgracia, todas esas buenas intenciones se diluyen en el día a día. Entramos siendo el bueno, el super bueno, con todo a favor, con todas las armas cargadas y la munición a tope, para poder luchar ‘contra todos los malos, contra todos los feos de la empresa’, pero no funciona.

¿La razón? muy sencilla, el problema es fácil, no hay una cultura de empresa definida, un proyecto común en el que todos estén alineados, en donde se navegue en el mismo sentido. La falta de liderazgo suele ser el principal motivo por el que de alguna manera no se transmita bien la idea, el concepto, la finalidad, el objetivo común de la empresa. Parece sencillo, pero no lo es, porque si se sigue haciendo así todos reman en sentidos diferentes.

Por eso hay menos buenos, feos y malos dentro de la misma organización. En donde el yo, prevalece sobre el nosotros. Donde piensan ¿para que hacer algo diferente, si hasta ahora todo ya iba bien, o no?
Pero de alguna forma, cuando la gran parte de la organización no piensa en global, en grupo, en una visión enfocada hacía la venta, hacia la atención al cliente o al resto de departamentos, nada absolutamente nada puede llegar a funcionar.

Es en ese momento cuando de parte de los feos y malos, salen entonces frases famosas como “eso no es trabajo mío”, “es que no me han dado todos los datos, -pero tampoco los he reclamado-, no es problema mío”. Sale el yo más rancio, para sobreponerse sobre el común beneficio.

Tienen mucha fuerza, mucha munición, muchos adeptos, los malos y los feos son muy poderosos. Son aquellos que no invierten ni un minuto más de su tiempo en su trabajo, no piensan en que su labor pueda afectar a otros dentro en su departamento o en otros.

No ven más allá de la hora del reloj que les de la salida, es solo hacer horas y más horas, no son productivos, no dan ese plus que la empresa necesita. Son muy feos y muy malos, pero tienen mucho, mucho poder, mucha solera dentro de la compañía. Todos actúan iguales, no marcan un paso adelante que les lleve a un salto en el mercado.

Pero por el camino el bueno lucha y lucha contra ese estamento establecido, contra ese grupo de malos y feos, que se despliegan por toda la organización. Es una lucha bajo el sol de justicia, bajo la cruel realidad de la venta del día a día.

No somos aquella ventanilla que abre de 7 a 15 h. Somos empresas dedicadas a la ventas y servicios. Hemos de saber cuándo hay que ser parte de la ola que suma, no de la roca que retiene. ¿Somos los que sumamos o restamos?

[…] Continuará, ‘Como luchar contra el inmovilismo en las empresas (parte II)’ en el próximo número de la revista.

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