Panter Summer
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Historias las hay para todos los gustos pero… ¿cuánto hay de mito y leyenda en ellas? La plataforma habitissimo desmonta algunos mitos para que tener una reforma exitosa.

Aunque nunca hayas hecho una reforma, seguro que te suenan historias como: la vecina que puso un suelo de madera buena y se le estropeó trágicamente en dos meses; el hijo del panadero que quiso reformar su piso y se le fue el presupuesto de tal manera que está arruinado; o el amigo de tu primo que tiró un muro que no tocaba y tuvo miles de problemas… Historias las hay para todos los gustos pero… ¿cuánto hay de mito y leyenda en ellas? La plataforma habitissimo desmonta algunos mitos para que tener una reforma exitosa.

1. No hay que pedir permisos para las reformas que solo afecten al interior de la vivienda
Esto es falso. Por norma general, se necesita el permiso del ayuntamiento para hacer obras en una vivienda. Existen distintos tipos de permisos o licencias, según el tipo de obra (duración, envergadura, si hay afectación a la vía pública o no, etc.) Cada tipo de permiso requiere presentar unos determinados documentos y pagar unas tasas, todo ello competencia municipal. No obstante, por lo general, existen dos tipos de licencias:

De obra menor: reformas en las que por su sencillez no se modifica la estructura de la vivienda ni su uso habitual. Por ejemplo: pintar paredes, cambiar el suelo, renovar los alicatados, etc.

De obra mayor: son las reformas que afectan a la estructura de la vivienda (eliminación de muros de carga, creación de huecos en fachada, eliminación de pilares, etc.), que aumentan la superficie (construir una nueva planta) o cuando la reforma es para cambiar el uso principal del edificio o las condiciones de habitabilidad.

2. No se puede modificar un muro de carga
Un muro de carga es un elemento estructural que no solo afecta a la vivienda, sino a todo el edificio. Por eso, se considera una obra mayor y su modificación precisa un proyecto firmado por un arquitecto colegiado, la correspondiente licencia del ayuntamiento y el permiso de la Comunidad de Vecinos, puesto que es un elemento común del edificio. Cumpliendo todo estos requisitos se pueden hacer algunas modificaciones, como por ejemplo, abrir un hueco en el muro para hacer una puerta o incluso se puede tirar este muro si se refuerza la estructura con un cargadero, y se realizan los cálculos pertinentes de resistencia estructural, siempre con la intervención de un técnico cualificado. Eso sí, sí se puede evitar este tipo de intervenciones, es mejor.

3. Cambiar la distribución de la vivienda cuesta lo mismo que mantenerla
“Se pueden cambiar la cocina y el baño de sitio, si así lo deseas. Solo que eso conlleva un cambio de instalaciones eléctricas y de fontanería, por lo tanto, se incrementará el coste de la reforma, inevitablemente” afirman los expertos de habitissimo. Por otro lado, deberás tener en cuenta las ventanas, que al ser elementos comunes del edificio, si necesitaras ampliarlas o hacer nuevas, necesitarás todos los permisos y es complicado que autoricen modificar la fachada de un edificio. Mantener la cocina y el baño donde están y modificar otros aspectos de la distribución es más sencillo, rápido y económico.

4. Cambiar la distribución de la vivienda encarece mucho la reforma
A diferencia de lo que piensa la mayoría de la gente derribar un tabique es la obra más sencilla con mejor relación calidad precio, tirar un tabique tiene un precio medio de 25 €/m² y puede transformar totalmente un espacio permitiendo la entrada de luz al interior de las estancias, conectando y ampliando los ambientes. Si es cierto que un cambio de distribución cambiando la posición del baño y la cocina conlleva un gasto adicional para transformar las instalaciones y conectarlas con la nueva ubicación de los cuartos húmedos desde las bajantes.

5. Cambiar las ventanas es muy caro y total, no se nota tanta diferencia
Esta premisa es muy falsa. Hoy por hoy, ante la posibilidad de hacer una reforma en casa, una de las prioridades debería ser mejorar la eficiencia energética. Unas buenas ventanas son sin duda una de las partidas presupuestarias en la que vale la pena ser generoso/a. Unos cerramientos que no aíslan bien, nos hacen perder mucho dinero cada mes a través de las facturas eléctricas derivado del gasto en calefacción y/o el aire acondicionado. Si optas por ventanas de aluminio es altamente recomendable que tengan rotura de puente térmico. Las de PVC tienen buenas prestaciones y las de madera aíslan mucho, pero necesitan un mantenimiento periódico. Elegir un buen acristalamiento es casi tan importante como la carpintería, según la zona geográfica en la que vivas y la orientación de la fachada en la que se va a situar la ventana debes elegir entre acristalamiento simple, doble o incluso triple.

6. Las puertas correderas son más frágiles y no aíslan bien
Esta premisa es falsa, existen distintos tipos de puertas correderas: las que requieren obra, las que no, las que tienen el sistema de rieles a la vista, las que lo tienen oculto, etc. pero lo que todas tienen en común, es que ahorran más espacio que las puertas abatibles. Y eso, es una gran ventaja para viviendas pequeñas o espacios estrechos, por ejemplo. Respecto al aislamiento, hay una modalidad de puertas correderas que se desliza sobre un raíl, y cuando llega al tope, tiene un mecanismo que la hace encajarse perfectamente al marco, consiguiendo el mismo aislamiento que una puerta abatible tradicional. Además, hay puertas correderas de muchos materiales, con lo que sus prestaciones pueden ser muy distintas.

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