PANTER BIOBACTER web abril 2020
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Todos los días, hay sueños que nacen y que crecen, caminos entre la multitud de Manhattan, con o sin bambas, no nos fijemos en sus pies, sino es sus cerebros. Si somos lo suficientemente fuertes para luchar por nuestros sueños, hemos de esperar que alguien encuentre ese destello especial en nuestros ojos.

Para hoy he seleccionado una película de los finales de los 80. No por su calidad artística, la película no pasará a la historia del cine, precisamente. Nos referimos a Working Girl (Armas de mujer), es un film de 1988 dirigido por Mike Nichols, con un gran reparto, que da consistencia a la historia. No todas pueden reunir a Harrison Ford, Melanie Griffith y Sigourney Weaver.

Nos habla de temas, que pese a ser de finales de los 80, están más candentes que nunca, acerca de las ambiciones desmesuradas y los enfrentamientos en el mundo de las grandes corporaciones. De estereotipos absurdos pero reales y latentes.

Nos cuentan una trama, en donde Tess (Melanie Griffith) es una secretaria con un inmenso deseo de aprender y mejorar en la vida. Pese a venir desde abajo, ella desea poder progresar con toda la buena voluntad del mundo. Comienza a trabajar en una nueva compañía, como secretaria de Katherine Parker (Sigourney Weaver), una directora muy superficial, a la que preocupa más su vida social que laboral, que trabaja para Trask, un empresario muy poderoso. Tess le confía todas sus ideas, algunas muy innovadoras. Tiene un novio impresentable, que no la apoya, que no cree en ella (Alec Baldin). Durante unas vacaciones, sufre un accidente y se rompe una pierna. Tess debe ocuparse de todos los asuntos importantes de su jefa, ir a la tintorería, regar las plantas, tomar sus recados. O acaso podría esperar otra cosa, esa secretaria Rubia. Pero por casualidad, descubre que su jefa ha robado sus ideas, para hacerlas pasar como suyas. Cosa demasiado normal a veces.

Cosa que indigna a Tess. Se hace pasar por ella, para poder contactar con Jack Trainer (Harrison Ford), la clave para poder realizar este negocio y convencerle que todo es idea suya y que se ha de llevar a buen puerto. Jack, a la vez es el prometido de su jefa. Durante el ir y venir de reuniones y comidas, ambos se enamoran, luchan por el proyecto. Hasta que Katherine regresa, está a punto de hacer saltar ese gran proyecto, desenmascara a Tess, dice y afirma que la idea original es suya. Finalmente, Jack, demuestra que todo es mentira, que la persona que pensó, que lucho por ese gran proyecto fue Tess.

Como habréis podido ver, hay muchos temas que no han quedado en el pasado, que son hoy en día reales, verdaderamente actuales. Ese estereotipo de secretaria rubia, tonta, sin preparación, sin ambición en la vida, queda más que demostrado en la película, que lo carga de prejuicios. No solo, por ser rubia, por venir desde un estrato más bajo, porque se ha de dar por sentado que alguien sin formación, sin venir de una buena cuna, no puede tener toda la iniciativa del mundo. Acaso, todo el que no tiene una buena oportunidad de formarse en su juventud ¿ha de quedar descartado ya? La formación, algo tan necesario y olvidado en las empresas, es algo del día a día, si dejamos de formarnos, dejamos de estar al día, dejamos de estar en la onda. Por ello, por ser Rubia, tonta, que es como calificamos a muchas mujeres, no tenemos ni el derecho, ni la inteligencia necesaria para reconocer el talento. Otro de los males de nuestra sociedad hoy en día. No cultivamos, no cuidamos el talento.

Si somos demasiado jóvenes, no invertimos, si somos demasiado mayores, somos un casi despojo humano, inservible para hacer nada útil.

Ni una persona que pasa de los 45 es inútil, ni es reutilizable. Posee una experiencia, un conocimiento del mercado que muchos jóvenes no van a tener en años. Hemos de sumar, de dar oportunidades a todos. Lo bueno es saber reconocer el potencial de todos.

Muchas mujeres, han de luchar en las empresas contra estas absurdas ideas. Muchas no tienen la más mínima opción de subir en su carrera profesional, por falta de formación, de oportunidades, de querer ver que es lo que hay detrás de una pantalla de ordenador, de unas gafas grandes. Seamos atrevidos, demás a la gente lo que quiere, por lo que anhela tanto. Formemos, motivemos al personal.

Es muy sencillo, robar ideas de pequeños ilusos, que como van a saber que lo que piensan o imaginan va a tener esa importancia. No saben, pese a que tengan una buena idea, la capacidad y el talento para desarrollarlo.

Cuantas ideas brillantes, no son realmente de quienes la ponen en práctica, sino de otros genios silenciosos. Cuantas veces no nos ha pasado, que, por ser nuestra la idea, se queda archivada por un jefe ególatra, que no puede permitir que, si no es suya, pues no se pone en práctica. O bien hasta prescindes del autor, que una vez fuera de la empresa, ya no podrá reclamar su autoría.

No se pueden dar a la luz grandes sueños ideas, en un metro, en un ferry, en un café. Han de ser todas en un laboratorio de una universidad, en un mega seminario de cientos de miles de euros de coste. Somos seres imaginativos, creadores de sueños, de ideas sin importancia, de visionarios que creen ver en un pequeño rasgo a alguien especial.

Una vez una persona quiso ver algo en un pequeño chico, hizo todo lo posible, por contratarlo para su club, firmo el que pueda que sea el contrato más importante del mundo, en una simple servilleta. Hoy ese pequeño pueda que sea uno de los mejores jugadores de la historia. Leo Messi.

Seamos atrevidos, no juzguemos a esas rubias de bote, como despectivamente las llamamos, o esa secretaria, que, por estar tantos años en su puesto, no quiere y pueda mejorar en su formación. Demos pie a quienes tienen iniciativa para que crezcan con nosotros y no con otros. Tenemos el derecho a equivocarnos, a crecer, a formarnos, a que crean en nosotros.

Todos los días, hay sueños que nacen y que crecen, caminos entre la multitud de Manhattan, con o sin bambas, no nos fijemos en sus pies, sino es sus cerebros. Si somos lo suficientemente fuertes para luchar por nuestros sueños, hemos de esperar que alguien encuentre ese destello especial en nuestros ojos.

No hemos de vestirnos con un traje de noche para que nuestro príncipe azul nos encuentre en un distinguido bar. Seamos nosotros mismos, en el bar, en la oficina, en la vida.

Saquemos lo mejor que llevamos dentro, pidamos paso, pidamos tener nuestra oportunidad y que sea el destino quien diga, si merecemos ocupar ese despacho del fondo, o ese lugar en una planta superior de ese edificio.

Que el ferry nos lleve a buen puerto, que nos dejen atracar en donde queremos llegar. Dejemos que el rio nos lleve a donde nuestros sueños nos quieran transportar.

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